Cables Conelsa/ Fotografía: Mundo Constructor

Visitamos a Conelsa

Una industria con medio siglo de historia se ubica en el norte de Quito. Sus procesos aplican métodos altamente tecnificados, de los que Mundo Constructor fue testigo en su visita a la planta.

Cables Conelsa/ Fotografía: Mundo Constructor

Afines de los sesenta, la industrialización del país estaba aún en vías de desarrollo. Tal era esa realidad, que en el campo del servicio eléctrico, la cobertura era de apenas 17 % en aquella época, según datos entregados por la Escuela Politécnica Nacional.

Una transformación a aquella realidad requería de hombres visionarios. Por aquella época, Francisco Dalmau Llopart gerenciaba Plásticos Dalmau, dedicada a la producción de plástico. Su olfato empresarial apuntó a la industria de forraje de alambres de cobre. Específicamente, se especializó en conductores eléctricos, enfocado en el proceso de trefilado de cobre y enchaquetado en PVC. Con esa finalidad, funda Conelsa en 1969.

El paso de los años le dio experiencia y, gracias a la incorporación de tecnología, mejoró notablemente sus técnicas de fabricación. Fue en los años noventa, coincidiendo con un crecimiento de la cobertura de electricidad del país, cuando Conelsa estuvo en la capacidad de proveer al mercado con cables tipo THHN, a su vez, reforzó su línea de aluminio. Además, dio pie, mediante una considerable inversión, a la creación de un laboratorio para controlar la calidad.

Actualmente, Martín Dalmau, gerente general y tercera generación en manejar la empresa, asegura que Conelsa se ubica como una de las compañías más destacadas del país en la fabricación de alambres y cables de baja tensión y media tensión, en cobre y aluminio.

Para mantenerse vigente entre los consumidores, Conelsa apuesta a una estrategia de mercado en base a cercanía y servicio especializado para sus socios comerciales, que son quienes ofertan el producto al consumidor final. Además, el distribuidor satisface su necesidad exacta a costos estables.

Proceso de producción

Hace medio siglo, cuando Conelsa encendió su primera máquina, apenas tenía una línea de producción, en la actualidad, esta cantidad se incrementó a 25 líneas de producción, lo que le ha permitido diversificar sustancialmente sus artículos. Prueba de ello es el incremento de 500 en 2005, a cerca de 800 productos, en la actualidad.

Tal diversidad haría suponer que los procesos son completamente diversos, no obstante, Dalmau asegura que, pese a la especificidad del cable, su producción guarda numerosas similitudes. En primer lugar, la configuración de las máquinas dependerá del número de aislantes y, en particular, de las marcas de los insumos. Eso sí, se requieren materias impolutas debido a la sensibilidad que experimenta la electricidad al ser conducida.

En general, los pasos de elaboración se dividen en cuatro fases: I) Trefilación. Estirar el cable para reducir el tamaño del alambre de cobre (desbaste), hasta obtener el diámetro deseado II) Cableado. Juntar los distintos hilos de alambres -conductores- en una máquina trenzadora. Se pueden formar conductores megadiversos, desde 0,5 mm2 hasta 400 mm2 para circuitos de altas potencias. III) Extrusión. Forra el conductor con polietileno o PVC, para evitar fugas de corrientes y IV) Seccionamiento de cables. Aquí se separan los cables de acuerdo al tipo, uso y características específicas.

En medio de estas dos últimas fases toma lugar el aislamiento del cable. En aquí donde se funde el material aislante sobre el conductor. La calidad de material de aislamiento es definida por su capacidad y su nivel térmico. Este último se incrementa a razón del volumen del cable, mientras más grueso, transmite mayor potencia y conduce mejor la electricidad.

Conelsa trabaja 24 horas, durante cincos días a la semana, en las que puede procesar 1.000 toneladas de cobre y 1.000 toneladas de aluminio, en un mes. Aunque esto dependerá del tipo de cables, por ejemplo, en los mixtos procesan 130 toneladas de cobre y 100 toneladas de aluminio.

Diversidad de gamas y calidad comprobada

Pese a que la planta está en la capacidad de producir 800 diferentes cables, Dalmau explica que hay artículos cuya demanda es superior. Este es el caso del cable THHN, que se especializa en temas de construcción. El TTU o cable de baja tensión se lo utiliza, mayoritariamente, en edificios.

Otro producto muy solicitado es el cable de media tensión (hecho en cobre y aluminio), elaborados bajo un sistema de triple extrusión. Además, se lo cura en seco del aislante, a través de altas presiones acompañadas de nitrógeno o el denominado proceso de catenaria, que se lleva a cabo en un conducto de 125 m de largo por donde atraviesa el cable.

Es importante aclarar que, las instalaciones eléctricas de baja tensión se caracterizan por una tensión nominal igual o inferior a 1.000 V, para corriente alterna y 1.500 V para corriente continua. Los de media tensión, manufacturados desde 2005, tienen una tensión nominal superior a 5 kV hasta 35 kV. Se los aplica, habitualmente, para distribuir energía entre el suministro de redes de alta tensión, para conectar redes primarias de complejos residenciales e industriales o fuentes de energía renovable y alternativa, como parques eólicos y solares.

Reemplazar este tipo de cable es bastante costoso, por ello -dice Dalmau- la firma realiza controles de calidad muy rigurosos para lograr cero fallas. Entre ellos, uno de los más importantes es la prueba de descarga parcial. Consiste en pasar voltaje, pero al doble de la resistencia del cable. Con ello, se analiza cuánta y en qué parte pierde electricidad y si esto traspasa la norma establecida. Ese procedimiento es constante y no desgasta al cable, en caso de hacerlo es descartado.

Para complementar, los artículos de Conelsa resisten, con facilidad, agresiones químicas, ya sea de aceites ó grasas; los movimientos, propios de los cables situados en exteriores; y los destinados a zonas de alta concurrencia de personas, soportan fuego y en caso de incendio emiten poco humo y gas corrosivo.

Cables con certificación

Desde los noventa, el laboratorio levantado en Conelsa lleva estrictos controles para avalar estándares de calidad adecuados. Como es conocido, la norma que rige la producción nacional es la INEN, que en ciertos casos adopta parámetros internacionales estadunidenses, europeos, brasileños (normas ecológicas), entre otros.

Para la aplicación correcta de la normativa, Conelsa cuenta con máquinas especializadas, las cuales reciben un mantenimiento anual. Estas prácticas han permitido que sus productos tengan 22 certificaciones ISO 9001.

Esas cualidades, asimismo, facilitaron su presencia en proyectos trascendentes como el soterramiento de cables en el Centro Histórico de la capital, efectuado por la Empresa Eléctrica Quito; la líneas de transmisión entre Milagro-Machala, en la costa; se especializa en la distribución de energía eléctrica en zonas rurales. Así también, sus productos se adaptan fácilmente a entornos industriales, de cualquier índole.

Fuente: José Guaygua Salinas, Periodista Mundo Constructor

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