Urbanismo y pandemia

Hace pocos meses nadie tenía la más remota idea de cuán dramáticamente se vería afectado el mundo entero, por una pandemia capaz de paralizar la economía. Estos son tiempos en los que meditamos sobre nuestro futuro como sociedades y sobre nuestra propia fragilidad como individuos: son tiempos de una incertidumbre y de un temor que, si somos sensatos, deben de conducirnos a un sesudo análisis de nuestras fortalezas y debilidades y a replantear la forma en que deben de funcionar nuestras ciudades.

Por: Humberto Plaza Argüello, Gerente General De Coplaza Arquitectos

En Estados Unidos, producto del boom económico posterior a la Segunda Guerra Mundial y a que casi cada hogar norteamericano tuvo acceso al automóvil, el desarrollo de las ciudades cambió drásticamente al crearse los “suburbios” residenciales, en las afueras de las ciudades, con un crecimiento horizontal de muy baja densidad.

El vertiginoso crecimiento de este país en aquella época, se dio de un modo que, muchos años después, se ha demostrado nefasto: el regular el uso de suelo de las ciudades, señalando aquellas zonas dedicadas a vivienda, a comercio, a industria, servicios, etc., y el fomento de suburbios de baja densidad, lejos de donde sus habitantes trabajaban, trajo como consecuencia una dependencia total del automóvil, la creación de grandes vías y autopistas, el desperdicio de millones de horas hombre al día, etc.

Esta mala receta fue copiada por tantas ciudades en el mundo, y muchas de las ordenanzas municipales que permitían que aquello sucediese, tristemente, siguen en vigencia.

 

Es ahora cuando nos hemos dado cuenta de qué tan importante resulta reducir los riesgos de contagio, la movilidad social y el poder contener geográficamente focos infecciosos, sin tener que detener toda la economía – que debemos de emprender los cambios en nuestras ciudades que vayan acorde a dichos retos señalados.

 

Resulta imperativo promover que las actividades cotidianas de los ciudadanos se den a distancias “caminables” o “pedaleables”, de manera que los lugares donde trabajen, estudien, comercien, etc., se encuentren cerca de sus lugares de residencia, dependiendo poco del automóvil y la transportación pública para movilizarse.

La implementación del uso mixto promueve, además, un mucho menor gasto en infraestructura vial y parque automotriz, toda vez que no es necesaria la transportación diaria de grandes masas, a grandes distancias.

De este modo, también, se le hace un gran favor al planeta, pues es muchísimo menor el consumo de combustibles, sin mencionar que en ciudades como Guayaquil o Quito, cerca de 600 mil personas hacen uso al día de transporte público para acudir a sus trabajos, tomándose, en muchos casos, más de una hora en el trayecto.

Urban sprawl (Lo que no debe ser)

Los beneficios de la implementación del uso mixto son muchos, pues se evita un crecimiento horizontal de baja densidad (urban sprawl) en el que, además de los problemas antes señalados, preciosas hectáreas de agricultura o bosque son destinadas a urbanizaciones.

Además de una reducción importantísima en el consumo de combustibles fósiles, el uso mixto de suelo promueve comunidades vibrantes, integradas y con sentido de pertenencia que son más eficientes y que tienen una ciudadanía más sana, de cuerpo y mente, y más feliz… especialmente en estos tiempos en que las comunicaciones abstraen a las personas de su entorno, de forma malsana.

Las ciudades post pandemia no solamente tienen que evitar el contagio de sus ciudadanos y la posibilidad de contención de brotes de contagio, sino ofrecerles la posibilidad de tener una mejor calidad de vida, en todos los aspectos, dándoles la oportunidad de una sana realización como personas y como miembros de una sociedad. Las nuevas ciudades deben de ser mucho más eficientes en el uso de sus recursos, consumir energías renovables, manejar responsablemente el uso de deshechos y aguas residuales, tomando siempre consciencia de la huella de carbono que se deja en un planeta, ya abusado y que hoy respira.

Para las ciudades ya consolidadas, siempre tenemos la oportunidad de hacer nuevas ordenanzas, basadas en la forma de los edificios, que permitan el uso mixto y el “urban infill”, que les dé los atributos señalados: sí se puede mejorar, y mucho, lo que ya se tiene.

Ciudadanos, arquitectos, urbanistas y desarrolladores inmobiliarios tenemos la responsabilidad de impulsar en nuestros municipios las propuestas que conduzcan a ciudades eficientes donde el bienestar y la salud de sus ciudadanos, así como el respeto al medio ambiente dejen de ser un enunciado, solamente: ¡manos a la obra!

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