Techo para todos

El 2021 marcará un escenario de total paralización de nuestra economía y, por tanto, se requerirá dinamizar los sectores productivos bajo un giro de timón de sus políticas con una visión de largo alcance para lograr un aporte eficiente, eficaz y sostenida al desarrollo socio económico del país.

Por: Arq. Roberto Carrión Game

Por tanto, sera necesario analizar las propuestas de los presidenciables que se realicen en la etapa preelectoral. Seguramente no serán diferentes a las anteriores, en las cuales se plantearon una serie de ofertas irrealizables y sin consideraciones de afectación al desarrollo económico y social del país. Espero equivocarme, pero brotarán nuevamente ofertas para “construir techos para todos” bajo slogans perfectamente diseñados que durante los últimos 20 años cautivaron a ese electorado mayoritario de nuestra población.

➤ Ver también: Revista Mundo Constructor, Crédito y vivienda

Reflexionen si este tipo de ofertas son convenientes a sus intereses. ¿Quieren ser emprendedores inmobiliarios que salgan avantes por sus capacidades empresariales o lobbystas de las entidades del Estado, con los riesgos potenciales que implica este tipo de accionar?

 

Yo, pueblo, me inclino por la primera opción, por las siguientes razones:

Para corregir el rumbo de la economía, reduciendo el tamaño de uno de los estados más obesos de Latinoamérica, ya que sus costos de mantenimiento son mucho más altos de lo que produce. El giro de timón propuesto generará nuevas plazas de trabajo, que es lo que el
país requiere en términos inmediatos.

Para minimizar la pandemia de la corrupción, ya que los privados vivimos de la producción, la cual tiene que ser ejecutada de la mejor calidad y a costos de eficiencia. Si contamos con un corrupto, se incrementan los costos de producción, aumentando los costos de venta. A sabiendas que existen clientes que pueden adquirir los mismos productos, no se arriesgarán a perder la posible venta, ya que existen otras empresas que pueden ofrecerán con la misma calidad, pero a menores costos. Esta relación nos exige ser eficientes para no sucumbir por ineficiencia.

El Estado, que usa el dinero de nosotros para satisfacer las necesidades de terceros, no tiene preocupación de la relación eficiencia y eficacia, lo único que importa es cumplir un ofrecimiento de campaña, esté bien o mal instrumentado, ya que conoce que su cliente no le protestará y siempre contará con una fuente permanente de ingresos de los impuestos.

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