Salesforce Tower/ Fuente de las fotografías: Revista digital archGLD

Salesforce Tower, un edificio alcanza el cielo en San Francisco

Este año el Salesforce Tower se llevó el galardón por su eficiencia, así destronó al Oasia Hotel Downtown, en Singapur. Los participantes llegaron desde 33 ciudades, de 20 países diferentes.

Una inmensa alegría y satisfacción vivió hace poco la firma Pelli Clarke Pelli Architects (del arquitecto argentino César Pelli), quien fue la responsable de diseñar el Salesforce Tower. Y no era para menos, pues este rascacielos se adjudicó el primer premio del Council on Tall Building and Urban Habitat (CTBUH) en la categoría ‘Mejor edificio alto del mundo’.

El consejo de expertos del CTBUH se dio cita en Shenzhen, China, donde se efectuó la decimo séptima edición de estos premios, en los que, además, se entregaron preseas en otras 20 categorías. El presidente del jurado, Karl Fender, socio fundador de Katsalidis Architects, describió a Salesforce Tower como un “edificio que devuelve” y mantiene un cuidado especial hacia la salud de los ocupantes, la sostenibilidad, la eficiencia estructural y un nivel alto de integración con el hábitat urbano próximo. 

La imponente estructura está destinada a oficinas y se ubica en el barrio South of Market, en el distrito financiero de San Francisco. Desde cualquier punto de esta zona, y sus alrededores, se divisa la majestuosidad de los 61 pisos, que suman 326 metros de altura, conformados por 1,4 millones de pies cuadrados (aproximadamente 130 mil m2). Para dimensionar el tamaño se debe tomar en cuenta que una cancha de fútbol tiene 7.140 m2

Esas medidas lo ubican como el segundo edificio más alto de Estados Unidos, detrás del Wilshire Grand Center de Los Ángeles. Los últimos avances en tecnología e ingeniería se reflejan en el Salesforce Tower, ya que cuenta con el mayor sistema de reciclaje de agua en un rascacielos estadounidense.

Los líquidos residuales procedentes de la lluvia del tejado, las torres de enfriamiento, duchas, lavabos, inodoros y urinarios, se recogen en un centro de tratamiento de agua centralizado. Al salir de allí, recirculan a través de un sistema de tuberías. Obviamente, esta agua cumple funciones no potables, tales como el riego por goteo y el lavado de inodoros. Se estima que este mecanismo reduce el consumo de agua potable en un 76 %, traducido en cifras más reales, ahorra alrededor de 100.000 litros diarios (consumo de 16.000 habitantes de San Francisco, al año).

La base del edificio se conecta a un centro de tránsito cercano, que está junto a un gran parque público. Su fachada acristalada se estrecha a medida que se eleva. Previo a este reconocimiento, el rascacielos ya había recibido la certificación LEED Platinum (el más alto estándar de construcción ecológica) debido a su eficiencia energética. Cada piso tiene sombrillas integradas, que reducen el calor solar, mientras que los cristales del exterior también están hechos de vidrio de alto rendimiento. El enfriamiento es provisto, en gran parte, por intercambiadores de calor energéticamente eficientes y el aire fresco se introduce mediante sistemas de ventilación ultramodernos.

La torre establece nuevos límites por su desempeño vanguardista, al tiempo que construye conexiones significativas con el hábitat urbano circundante”. Karl Fender, presidente del jurado de CTBUH.

Fotografías: Revista digital archGLD

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