Roberto Carrión: los procesos de gentrificación

¿Son indispensables en la rehabilitación de las áreas de influencia de las estaciones del Metro de Quito?

A pocos meses de inaugurar una de las obras de infraestructura de transporte más importantes de la ciudad, el Metro de Quito, contaremos con un sistema de movilidad inclusivo y eficiente, que potencializará el crecimiento económico, la inclusión social y el mejoramiento del ambiente.

Esto sucederá inicialmente en las 15 áreas de influencia de sus estaciones, pero se exteriorizará y brindará algunas lecciones para que los planificadores urbanos formulen una serie de estrategias, basadas en los estudios de Desarrollo Orientado al Tránsito (DOT). Los mismos que posibilitan la revitalización de otros sectores, bajo modelos sustentables que viabilizan el desarrollo sostenido de la ciudad y de su población.

El tratamiento que tendrán las áreas de influencia de la Estación de la Plaza de San Francisco genera una preocupación lógica, por el alto valor patrimonial, histórico y cultural que poseen; circunstancias que exigirán a la actual y a las futuras administraciones municipales implementar un proceso de rehabilitación urbanística y social, partiendo de la necesidad ineludible de peatonalizar el Centro Histórico de Quito (CHQ).

Esto solventará, por un lado, los efectos destructivos del tráfico vehicular motorizado a los bienes arquitectónicos patrimoniales; y por otro dinamizará los negocios inmobiliarios, comerciales y de explotación turística, que inciden en la plusvalía de las viviendas y de los terrenos vacantes, que tienen una población con profundas diferencias culturales y económicas, que seguirá generando conventillos y viviendas tugurizadas que coadyuvan al deterioro integral de esta zona emblemática de la ciudad.

No hay duda alguna que las políticas que se propongan a favor de esta causa vendrán acompañadas de estrategias de gentrificación, para mitigar los efectos de los desplazamientos paulatinos de sus residentes pobres que viven en unidades arrendadas, lo que afectará el crecimiento desordenado de otras áreas de la ciudad.

➤ Ver también: Hacia una movilidad y accesibilidad sostenible en nuestras ciudades

Lo cierto es que el reto que tendrán sus procesos de rehabilitación será incentivar inversiones privadas en el sector de la construcción inmobiliaria, para no potencializar la pérdida de la función residencial, que ha sufrido el CHQ desde los años 60.

Las lecciones aprendidas en otros procesos de regeneración de zonas patrimoniales en ciudades de la región, señalan que algunos sectores históricos vulnerables fueron transformados económica y socialmente, minimizando los procesos de gentrificación. También, se contó con los mismos resultados en circunstancias en donde los propietarios vendieron sus viviendas, obteniendo ganancias sustanciales por efectos de la plusvalía, y emigraron a otros lugares sin causar efectos negativos a su nuevo hábitat.

Por tanto, el punto clave será definir y utilizar estrategias adecuadas de rehabilitación urbana y social, bajo la responsabilidad de los gobiernos, central y local, de mitigar los efectos de la plusvalía inmobiliaria; incentivando a los desarrolladores privados a realizar grandes inversiones a través de propuestas municipales que propongan:

1. Exoneraciones a los trámites de gestión inmobiliaria.

2. Reglamentación adecuada para usos de suelo.

3. Agilidad en la aprobación de sus proyectos y exoneraciones temporales de impuestos prediales a sus propietarios.

4. Subsidios estatales diferenciados y escalonados de atención a la demanda de sus poblaciones pobres, que quieran adquirir o mejorar sus condiciones habitacionales.

De esta manera, se potencializa la explotación adecuada de los recursos patrimoniales de atracción turística, evitando la generación de las sinergias que provocan los procesos de gentrificación.

Bajo estos lineamientos estratégicos y con una visión a futuro, se requerirá accionar procesos de planificación dinámica y participativa (uso de suelo, actividades económicas y conectividad de su territorio), aplicando estrategias DOT para conseguir un nuevo modelo de ciudad que “sirva a la vida, que sea ambientalmente responsable, solidaria, inclusiva, donde prosperen los emprendimientos privados, que esté abierta al mundo, que cuente con una movilidad que privilegie al peatón, sea eficiente y sostenible” [Quito, visión 2040 y su nuevo modelo de ciudad].

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