Reportar desde la inexperiencia

 

Colaboración de Carolina Rodas, docente Pontificia Universidad Católica del Ecuador

 

La falta de certezas crea inquietud entre la gente y la hace más vulnerable a los hechos. El estado de descontrol era de esperarse ante este desastre, nadie estaba preparado y, así lo hubiéramos estado, posiblemente las fallas serían incontables. 

 

La inexperiencia frente a la catástrofe nos abrumó, pero también sacó lo mejor de cada persona en el momento preciso. Durante un mes hemos sido participes de un aprendizaje continuo; sin embargo, la búsqueda de mejores opciones sigue siendo incierta, ya que en momentos de emergencia todo cambia en cuestión de segundos y lo que hoy es indispensable mañana será secundario. 

 

El entendimiento de los procesos de recuperación son necesarios. El discernir entre lo prioritario y lo emergente puede tornarse complejo, pero igual de importante a la hora de tomar decisiones. Cualquier acción que prolongue el estado de emergencia apunta hacia la vulnerabilidad de la gente. En este sentido construir asentamientos o albergues no planificados puede ser parte de una problemática posterior. 

 

Se empiezan a escuchar casos de abuso infantil, hacinamiento, insalubridad, etc. Esto sin tomar en cuenta el problema territorial ocasionado al no existir estudios previos que proporcionen las medidas de seguridad y de servicios para las comunidades. El hacer sin pensar responde solamente a la emergencia, pero no a la calidad de vida que estas personas tendrán en el futuro. 

 

Este tipo de reflexiones apuntalan medidas coordinadas. En esta misión vale la pena empezar a reconocer las fortalezas de los diferentes actores públicos, civiles, ONG, programas de rescate, etc. Cada uno desde su perspectiva y práctica  pueden aportar en el proceso y garantizar respuestas más eficientes y acotadas a la realidad que vivimos actualmente. 

 

Poner a prueba nuestra capacidad de organizarnos y trabajar en equipo es la base para ampliar la ayuda. Hablando desde mi experiencia como parte de  una organización civil, que aglutina a 10 colectivos de arquitectura, 40 profesionales independientes y una base de voluntarios de 3.400 personas listas para seguir apoyando en el proceso de reconstrucción, he podido constatar la potencia que tiene el unir fuerzas.

 

La iniciativa nace al día siguiente del terremoto como un plan muy acotado entre tres colectivos de arquitectos, que a su vez fueron sumando gente con las mismas intenciones, pero que al igual que todos no tenían claro el cómo hacerlo, pues los eventos vividos sobrepasaban cualquier plan de acción que en unitario se podrían hacer. 

 

La primera opción y la más acertada fue unirnos, despojarnos de banderas, títulos personales o institucionales, egos, nombres y empezar a trabajar juntos bajo un mismo objetivo. Esto hizo que un nombre concentre el esfuerzo de todo este equipo. Actuemos Ecuador reúne diferentes experiencias, edades y especializaciones para generar equipos interdisciplinares e independientes.Los equipos se encargan de proyectos puntuales de desarrollo en tres distintos frentes: Cooperaciones Institucionales, Desarrollos Independientes y Plataforma de Distribución. 

 

El prime se encarga de proyectos junto a las ‘instituciones tradicionales’, brindando apoyo técnico en diferentes asentamientos. El segundo, Desarrollos Independientes, trabaja en proyectos de infraestructura junto a organizaciones sociales o comunidades organizadas. La última es como llamamos a una base de datos que cuenta con más de 3.000 voluntarios, clasificados por disponibilidad de tiempo y capacidades. Al exceder nuestras expectativas, decidimos abrirla para canalizar voluntarios a proyectos que necesiten ayuda de estudiantes de Arquitectura o Ingeniería; ya se han enviado alrededor de 500 personas capacitadas a las zonas afectadas. 

 

En este momento tenemos alrededor de diez proyectos desarrollados. Todos pasan por un área de evaluación técnica y están conformados por profesionales. Nuestra ambición es mantener esta iniciativa a largo plazo, ya que en los desastres la energía tiende a diluirse, los medios dejan de prestar atención y los problemas vuelven. La recuperación durará alrededor de cinco años y deseamos seguir activos durante ese tiempo.

 

 

Ahora se nos presentó la ocasión de rectificar los tropiezos cometidos a lo largo de los años, de reactivar las zonas afectadas con más y mejores opciones, de construir de manera ética y recursiva y de generar comunidades resilientes. 

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