Reconstrucción: una oportunidad para mejorar

 

La planificación y organización son esenciales para tomar decisiones acertadas después de una catástrofe natural como el terremoto de 7,8 grados, que sacudió a Ecuador el sábado 16 de abril. Si hay algo que como nación se puede hacer, es regresar la mirada a eventos parecidos que se han suscitado en otros países desarrollados y aprender, para empezar con la reconstrucción de las ciudades, una tarea que -de seguro- tardará años.

 

En el 2010, Chile fue golpeado por un terremoto y maremoto, que dejó 300.000 viviendas destruidas o deterioradas. Sebastián Piñera, el entonces presidente, habló de viviendas prefabricadas como una opción apropiada para estas circunstancias. Pero en Chile, la fabricación de este tipo de casas era casi desconocida, según el experto Miguel Lawner, arquitecto y expresidente de Vircomu y Cormuval.

 

Esto no pasa en Ecuador. La industria de viviendas prefabricadas es amplia, por lo que empezar la reconstrucción de las ciudades con este tipo de edificaciones sería una opción para evitar que los damnificados pasen un tiempo prolongado sin hogar. Casas de 50m2 pueden ser suficientes para mitigar la crisis habitacional.

 

Las Sociedades Mixtas, otro sistema de ayuda chileno, son entes que planifican el desarrollo urbano basados en la participación de la comunidad y de las autoridades locales. Estas sociedades coordinan los proyectos y supervisan las inversiones privadas, con el objetivo de garantizar una reconstrucción ordenada.

 

Ciudad de México es un ejemplo más. Este país ha sufrido tres movimientos telúricos desde 1957. El de 1985 dejó un saldo de 7.000 muertos y más de 600 edificios desplomados. El tiempo de retorno del terremoto le dio a México la preparación para planificar.

 

Uno de los aspectos importantes a rescatar de la experiencia mexicana es el énfasis que han hecho entre la reedificación y la reactivación de las economías locales. Yasemin Aysan, experta en manejo de desastres, afirma que “una economía local sólida es la mejor protección contra un futuro terremoto: las estructuras se construyen más fuertes y las pérdidas se toleran más fácilmente”.

 

Cuando una comunidad depende exclusivamente de ayuda externa se produce un mayor descenso económico, ampliando el daño ya registrado. “Exportar las ganancias e importar mano de obra causará desempleo local y debilitará la capacidad económica del área afectada”, afirma Aysan.

 

Esto muestra que no se trata únicamente de reubicar a los habitantes, sino de que la economía se dinamice a largo plazo.

 

Este tipo de eventos también constituyen un llamado público para la revisión de los códigos de construcción existentes, así como para el diseño de un plan de mantenimiento de estructuras. La Camicon, por ejemplo, ha trabajado en una nueva norma que mejore la calidad de los proyectos constructivos. Los esfuerzos conjuntos, entre los diferentes sectores de la sociedad civil, devendrán en comunidades cada vez más resilientes y en ciudades seguras. 

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