Reconstrucción: una oportunidad para dejar de vivir en una bomba de tiempo

Colaboración: Fernando Cueva, director de Proyectos FCM Arquitectos.

 

“Me interesa el futuro porque es el sitio en donde voy a pasar el resto de mi vida”, dijo alguna vez Woody Allen. Esta idea, que parece tan simple, denota una gran profundidad y se aplica a nuestras circunstancias actuales.

 

¿Dónde esperan pasar las personas por el resto de su vida? Por lo general, en la ciudad o en el poblado al que pertenecen, y en la vivienda que han construido o adquirido.

 

De hecho, una de las decisiones más importantes que la mayoría de individuos toman en sus vidas es, precisamente, la adquisición de una vivienda a largo plazo, o la inversión en un negocio cuyos activos principales sean bienes inmuebles (hoteles, fábricas, tiendas, restaurantes, papelerías, etc.). Si habitamos en un país como Ecuador, que se encuentra en una zona de riesgo con una falla geológica en las zonas costeras y con un registro de más de 150 sismos en lo que va de la historia, la pregunta inherente es: ¿por qué las autoridades y la ciudadanía no toman consciencia del riesgo y siguen cometiendo los mismos errores de siempre?

 

Tomando estas ideas como premisa, el terremoto del 16 de abril hizo posible que se visibilicen las falencias de un sistema que, por años, ha acumulado errores. De ahí que esta tragedia sea la mayor que haya vivido el país en más de 50 años, y que haya comprometido el futuro de miles de ciudadanos que, en su mayoría, son de escasos recursos. Para reconstruir el futuro, se debe entender cuales son los problemas que nos han llevado a esta tragedia.

 

En primer lugar, es necesario mencionar la falta de planificación de los propietarios de los inmuebles. Solo en Quito, por ejemplo, el 70% de las construcciones son ilegales y no existen datos estadísticos de otras ciudades. Si a esto se añade la intención del propietario de ahorrar entre un 20% y 30% del costo de la edificación, se tiene la fórmula perfecta para que una estructura no cumpla con la normativa vigente.

 

Otro factor es el desconocimiento o la falta de ética de los profesionales relacionados con la construcción. Muchas veces se edifica sin las especificaciones técnicas adecuadas, no hay criterios acertados en la adquisición de los materiales o el personal que ejecuta el proyecto no está calificado.

 

Por el lado de las autoridades hace falta el levantamiento de información en los catastros para realizar un control apropiado de los inmuebles, así también hay la necesidad de examinar antes, durante y después de la ejecución de la obra. La falta de planes de desarrollo territorial y priorización de inversión del gasto público en obras de infraestructura básica en las poblaciones son otros factores. Es incoherente que en algunas urbes se ejecuten malecones y que el poblado no posea servicios básicos como agua potable.

 

Finalmente, hace falta un registro de edificaciones que, en la actualidad, podrían colapsar o presentar problemas severos durante un movimiento telúrico.

 

Para aprovechar la oportunidad derivada de este evento se necesita que estas y otras consideraciones, que son de conocimiento de las entidad públicas, se mejoren antes de que se inicie el proceso de reconstrucción. Una vez identificados los problemas, las soluciones se convertirán en respuestas eficientes que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos.

 

El resultado de políticas mal ejecutadas, desorganización, falta de control, entre otros, generan estas “bombas de tiempo” que esperan ser detonadas por los sismos, y cuya factura -lamentablemente- son cientos de fallecidos y miles de personas desplazadas a otras ciudades.  

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