Quito crecerá con un carácter más eco-eficiente

Desde febrero de 2013, cuando el aeropuerto de Tababela fue inaugurado, una tendencia arquitectónica en la ciudad se intensificó: el crecimiento vertical. Esto ha favorecido la densificación urbana que, en términos generales, consiste en la concentración de una mayor cantidad de habitantes en determinada zona, donde principalmente se concentran servicios, lugares de trabajo y sistemas de transporte, situación que disminuye los desplazamientos de gente en grandes distancias para aliviar problemas de movilidad y déficit de ocupación de suelo en la urbe.

No obstante, Quito aún no alcanza niveles óptimos de densificación, debido a la expansión horizontal de la mancha urbana, de acuerdo con información de la Secretaría de Territorio, Hábitat y Vivienda del municipio capitalino. Y justamente desde la alcaldía se busca promover la construcción vertical que contrarreste el crecimiento desordenado hacia las periferias de la ciudad, a través de la Ordenanza 003, la cual prevé la concesión de permisos de construcción de pisos adicionales a los que establece el Plan de Uso y Ocupación del Suelo (PUOS), según la zona de la ciudad donde vaya a construirse, siempre y cuando los constructores cumplan condiciones de eco-eficiencia y estén ubicados en áreas de influencia del sistema metropolitano de transporte y en las Zonas Urbanísticas de Asignación Especial (ZUAE).


El progreso debe ser integral

“Siempre va a ser mejor el desarrollo que el crecimiento”, manifiesta Hernán Orbea, arquitecto urbanista y docente de la Universidad Católica de Quito. Por eso, este experto valora la importancia de que el mismo cabildo incentive al promotor inmobiliario a seguir construyendo proyectos de más altura, bajo las condiciones que define la norma, porque gozará del beneficio de poder vender más espacios y eso favorecerá la densificación de la ciudad.

Asimismo, Orbea cree que los parámetros técnicos de eco-eficiencia podrían “bajar el estrés de la ciudad en la dotación de servicios, para que el promotor supla una parte de eso”, pero para él es imprescindible que esto se aplique en diferentes sectores de la urbe, no solo en zonas de alta plusvalía, y acota que existen casos de barrios de estratos medios y bajos donde no existe un servicio óptimo de recolección de residuos, pero sus habitantes han aprendido a clasificar la basura para el reciclaje, o donde se reutilizan materiales de construcción, por lo que en esos barrios “se ve más conducta ecológica que en sectores donde no se nos habría ocurrido que exista un huerto urbano o reutilización de agua”.

Este urbanista cree que sería ideal que la compensación del constructor hacia la ciudad, por el permiso adquirido de edificar más pisos hacia arriba, genere beneficios también en otros sectores diferentes y no solo donde se desarrolla el proyecto. Por ejemplo, para él sería ideal que el promotor inmobiliario desarrolle un proyecto habitacional en el centro histórico de Quito, zona que ha tenido un decrecimiento poblacional significativo desde los años 90, cuando allí vivían cerca de 88.000 habitantes, hasta la actualidad en que no se superan los 32.000 pobladores, según Orbea.

La Ordenanza 003 sí contempla una Concesión Onerosa de Derecho, la cual consiste en un pago del constructor o promotor inmobiliario al municipio por la compra de plantas adicionales, y este puede efectuarse en efectivo o en especie. Esa segunda opción incluye: infraestructura, espacio público, equipamientos o vivienda de interés social.

Hernán Orbea cree que en el sur y en el norte de Quito “ya hay la suficiente vitalidad económica para que produzcan su propio desarrollo”. Así podrían consolidarse nuevas centralidades orgánicas que impulsen una cobertura integral de servicios en esas zonas.

Metas por cumplir

De acuerdo con proyecciones del Plan Metropolitano de Desarrollo y Ordenamiento Territorial del Municipio de Quito, hasta 2022, alrededor del 8% de los proyectos urbanísticos o construcciones públicas mayores de la ciudad, deben estar diseñadas y construidas bajo el concepto de sustentabilidad (energética-ambiental), y ese porcentaje debe llegar al 10% hasta 2025.

Además, para que la densificación tenga resultados más concretos, se prevé que para 2022 se registre un incremento de al menos 25 % de la población asentada en territorios que tengan servicios zonales a menos de 30 minutos de recorrido a pie y en 2025 llegue al 50%. Igualmente, para ese mismo año la densidad bruta del área urbana debe alcanzar una densidad promedio de 53 habitantes por hectárea.

Hace pocas semanas, la Entidad Colaboradora de Proyectos del Colegio de Arquitectos de Pichincha (ECP) firmó un convenio con el Municipio de Quito para que sea la entidad encargada de calificar los proyectos eco-eficientes junto a Desintecsa. Esto agilizará el trámite para los constructores.

FUENTE EXPERTA

Paúl Lafuente,
CEO de Alpha Builders Constructora

Hay que sentirse orgullosos de que sean los nuevos talentos y profesionales quienes están conceptualizando y haciendo realidad proyectos que transformarán vidas y, sobre todo, que aportan al cuidado de nuestro entorno. Con los edificios eco-eficientes se busca impulsar el desarrollo de una ciudad compacta y sustentable gracias a su bajo consumo de agua, eficiencia en el consumo de energía, la disposición de residuos sólidos y uso de energía solar. Por ejemplo, nuestros edificios conjugan en su estructura factores tecnológicos que promueven la optimización de energía, movilidad, elementos paisajísticos, uso eficiente del agua y técnicas vanguardistas de ventilación. Todos ellos logran ofrecer confort y seguridad a los habitantes de los edificios y también de la zona. De esta manera, se suma a las soluciones que la sociedad debe brindar para mitigar el calentamiento global y prometer soluciones modernas que permitan situar a Quito y al país en la senda del futuro inmobiliario

POR:  Andrés Reinoso Morales / Fotos: 123rf

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