Pablo Moreira, presidente del Colegio de Arquitectos del Ecuador/ Fotografía: Andrea Ariza

Pablo Moreira, presidente del Colegio de Arquitectos de Ecuador

Cuando tomó las riendas de la entidad su objetivo fue reinstitucionalizarla y acercarla hacia los problemas cotidianos de la ciudad.

Pablo Moreira, presidente del Colegio de Arquitectos del Ecuador/ Fotografía: Andrea Ariza
Creemos que el diseño no termina en los planos, este continúa al llevar la ejecución de la obra y más si eres su autor”.

Una niñez entre planos, mesas de dibujo y maquetas marcó el futuro del quiteño Pablo Moreira, quien, actualmente, encabeza el Colegio de Arquitectos del Ecuador y el de Pichincha. Su padre, Rubén Moreira, arquitecto, también dirigió esas entidades e impusló la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito (BAQ).

Durante su juventud, estudió en el colegio humanista Centro Educativo Integral. Por esos años participó en la BAQ como fotógrafo y en logística. Tras graduarse, ingresó a la Universidad Central del Ecuador, en donde formó el grupo Arquitectura 2000, con el que organizó eventos de arte (seminarios, charlas, talleres…), un tanto escasos por aquellas fechas.

Como universitario laboró en firmas destacadas como la de Fausto Banderas Vela, un ícono de la arquitectura ecuatoriana, y la de Mauricio Moreno, ex decano de la Facultad de Arquitectura de la UDLA. En los albores del cambio de siglo conforma MCM+A Taller de Arquitectura, con su padre y esposa (Natalia Corral). Con ellos participó en un concurso organizado por la Junta de Andalucía, para readecuar viviendas en el Centro Histórico de Quito. Triunfaron de entre 160 participantes con su proyecto El Penalillo, más tarde bautizado como ‘El Balcón de San Roque’.

A partir de allí, la novel firma tuvo un gran desarrollo, mismo que quedó demostrado al adjudicarse en 2009 el plan para rehabilitar la casa del expresidente Gabriel García Moreno, situada en la Plaza de Santo Domingo (Quito). Otro gran aporte fue el patio de comidas del Teleférico, cimentado en acero y vidrio. Obra que está completamente tergiversada de su modelo inicial, lo que afecta a la propiedad intelectual, lamenta Pablo.

Fuera de la capital, su trabajo ha llegado hasta la provincia de Orellana, específicamente a El Coca, donde desarrolló -en 2009- MACCO (Museo Arqueológico y Centro Cultural Orellana), en el que estableció la necesidad de que la ciudad se reconecte al río, una práctica a la que las ciudades ecuatorianas restan importancia. Precisamente, la infraestructura se levanta a la orilla del Río Napo. Sin embargo, debió esperar dos años hasta iniciarse y finalmente entregarse en 2015. En ese lapso, Moreira llegó por tercera vez a Europa, debido a una beca otorgada a su esposa. En 2002, estuvo por segunda ocasión en el viejo continente para recibir un premio de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA), gracias a su tesis de grado: Diseño  del malecón  y  rehabilitación  de  las  riberas  de  San  Lorenzo (Esmeraldas). Este reconocimiento también le trajo decepción, pues, a pesar de que hace ocho años el Ministerio de Patrimonio lo invitó a desarrollarlo, ‘por negligencia estatal nunca se cristalizó. Lo que habría significado un cambio para esa zona, llena de graves problemas sociales’ apunta Moreira.

Una vez instalado en Barcelona, ingresó a la maestría Proyecto: Arquitectura, Cultura y Arte, con el reconocido profesor Josep Muntañola, en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Otra de sus maestras fue la arquitecta Benedetta Tagliabue, para quién trabajo en el Estudio Miralles Tagliabue, del que adquirió una técnica, que la aplica hasta hoy en MCM+A. Para Moreira, la maqueta es la base principal de toda construcción en lugar de los renders en 3D. Esto permite determinar claramente los espacios y proporciones reales de una edificación.

Luego de haber recorrido este largo camino, Pablo retornó a sus raíces: el Colegio de Arquitectos de Ecuador, al que considera un actor primordial para el desarrollo de la carrera. Junto con María Samaniego, actual vicepresidenta, conformaron un equipo interdisciplinario, multigeneracional y con equidad de género.

Durante su período han recuperado la Sala de Artes, con el afán de reintegrar el área cultural del Colegio. Dentro de esa línea rescataron el Museo de Arquitectura, que, por coincidencia, lo fundó su padre en 1992. Se ubica en el corazón del Centro Histórico de Quito (San Marcos), en el que se acoge exposiciones de temática moderna.

Además, repotenció la Biblioteca del CAE, para lo cual se alimenta, entre otros, con libros participantes en la BAQ, lo que la convierte en la más completa y variada del país. En la Bienal, que en 2018 cumplió 40 años de concursos ininterrumpidos, se agregó un nuevo eje, de tipo académico: Investigación de la edificación local. La idea es reinstitucionalizar al CAE, por ello apuesta al conocimiento y formación, es así que se creo el Centro de Estudios Académicos, abierto para arquitectos y estudiantes.

Su ideología humanista, más un sentido de responsabilidad social, hizo que el presidente del CAE, junto al Foro de la Ciudad, ejecuten un proyecto piloto para el reforzamiento estructural de viviendas informales en el barrio La Roldós, (Quito). En el que incluso el Colegio financia una parte. Pablo espera que sea acogido como una política de Estado, sobre todo, porque no impacta a los ocupantes de una vivienda y, lo mejor, tiene un bajo costo. Una propuesta más que útil en un país en el que hace apenas tres años un devastador terremoto mató a 663 personas y causa estragos hasta la actualidad.

Constructor en cifras

Fuente: José Guaygua, periodista de Mundo Constructor

Fotografía: Andrea Ariza, fotógrafa Grupo Ekos

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