Mirador al borde del cráter

 

La propuesta de construir y financiar un mirador que fomente esta actividad vino del Ministerio de Turismo, que llamó a un concurso público. El proyecto elaborado por Javier Mera, Jorge Andrade y Daniel Moreno resultó el ganador.

 

El arquitecto Javier Mera cuenta que desde el inicio buscaron que el mirador rompa esquemas y sea atractivo. “Creo que todos los miradores en los que he estado tienen dos partes básicas: una plataforma y una baranda. El mirador de Shalalá se conjuga con la naturaleza y ofrece sensaciones distintas a las que se tiene en cualquier otro punto del borde del cráter”, afirma Javier.

 

Además del mirador y del sendero que se construyó para acceder desde el parqueadero, la comunidad de Shalalá cuenta con cabañas para pasar la noche y un espacio rodeado de vegetación endémica, donde se puede acampar.

 

El equipo constructor estuvo conformado por más de 15 personas. Para Javier, la razón por la que participaron fue para realizar un proyecto que deje un precedente en infraestructura turística.

 

El resultado fue el esperado: se logró un mirador diferente, que provee una vista privilegiada al visitante. La propuesta recibió el segundo lugar del Premio Obra del Año de Arquitectura de Habla Hispana, organizado por los portales Archdaily y Plataforma Arquitectura. Gracias a la construcción del mirador, Shalalá ha acogido a cientos de visitantes desde su inauguración en el 2013.

 

La consigna del equipo fue crear una estructura que destaque y se mezcle con el paisaje, sin que distraiga la atención del principal atractivo: la coloración turquesa de la laguna del Quilotoa.

 

Desde todos los puntos del borde del cráter la vista es bastante similar. Entonces, “¿por qué construir un mirador?” La respuesta de Javier es simple: “debíamos montar una estructura que ofrezca otro tipo de experiencias a los visitantes”.

 

Y así fue. El mirador tiene dos partes que se distinguen a la vista. El volado ofrece al turista la posibilidad de ‘flotar’ sobre el precipicio, desafiando la gravedad. Al final de la plataforma hay una estructura de vidrio, que deja a los viajeros tener una vista única de la laguna y que solo se disfruta desde el mirador de Shalalá. El vidrio -que es templado y laminado- tiene una doble capa, por lo que no existe ningún riesgo de accidentes para los visitantes.

 

La obra también tiene un graderío, ideado para quienes buscan la contemplación. Gracias a su diseño, esta estructura está protegida del viento y del sol, ideal para el descanso y la relajación.

 

El mirador está hecho con metal y recubierto de madera teca. Su cromática es parecida a la de la vegetación de la zona, evitando la creación de contrastes extraños. Esta plataforma es una propuesta única en cuanto a infraestructura turística. “El proyecto fue pensado y construido de manera que no sea invasivo con el entorno y que respete a la naturaleza. Sin lugar a dudas, esta estructura será un referente para futuros miradores que se construirán en el país”, finaliza Javier.

 

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