La mina de Polonia: uno de los proyectos de reutilización adaptativa más grandes del mundo

Escondida bajo el arroyo Malinowka, a las afueras de la ciudad sureña de Cracovia, se encuentra una de las minas subterráneas más antiguas y grandes del mundo, que ha sido cincelada a mano y que se ha transformado en un amplio complejo multipropósito.

Desde un centro de salud de curación natural hasta una iglesia pequeña y una plataforma de puenting subterránea, este colosal proyecto de reutilización adaptativa es la mina de sal de Wieliczka. Conocida como “uno de los siete milagros de Polonia”, la mina de sal se remonta a la mitad del Neolítico.


Imagen tomada de Plataforma Arquitectura

Los arqueólogos descubrieron unas salinas prehistóricas de casi 5.500 años de antigüedad, en las que los habitantes de la actual Wieliczka extraían material salino de los manantiales de la superficie y lo evaporaban al calor de sus fuegos para crear sal. Cientos de años después, la excesiva cocción de la sal secó los manantiales salinos, lo que obligó a los habitantes a construir pozos para profundizar lo que quedaba de ellos. Poco después de cavar estos pozos, la gente descubrió el primer bloque de roca sedimentaria salina, lo que los animó a cavar y explorar una nueva materia prima preciosa.


En 1964, la mina, que ahora tiene nueve niveles (327 metros bajo tierra), dejó de utilizarse para la extracción de sal, recurriendo en su lugar a la producción industrial de sal evaporada. En 1978, la UNESCO incluyó el lugar en la lista de Patrimonio de la Humanidad y en 1996 se puso fin a la producción industrial de sal, inaugurando lo que es el uso actual del lugar.
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¿Qué queda de los lugares donde se extraía la sal?
En la actualidad, los mineros siguen trabajando para preservar y mantener este importante monumento histórico nacional. A lo largo de más de 700 años, en Wieliczka se explotaron 26 pozos. De hecho, el laberinto es tan colosal que los visitantes solo tienen acceso al 2% del sitio.

Una de las principales atracciones del lugar es un centro de tratamiento sanitario.


Cada cámara del recinto, ahora polivalente, tiene una función y una disposición espacial únicas que cuentan la historia de cómo se formó la mina y de todas las personas que la pisaron. Algunas se utilizan como locales con lujosas lámparas de araña, mientras que otras se han transformado en extraordinarias capillas o tabernas.

Las paredes y los techos de las cámaras utilizadas como salones de banquetes, lugares de celebración de eventos y capillas, se dejan en su estado bruto y se complementan con lámparas de cristal y suelos de madera.

Texto original tomado de Plataforma Arquitectura.

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