La ciudad poscovid: edificios que funcionan como árboles y calles sin asfaltar

Que una enfermedad como el Covid-19 esté obligando a las urbes a resetearse no es nuevo: en el siglo XIX, en París, debido a la tuberculosis se ampliaron las ventanas de los edificios.En ese proceso de metamorfosis andan algunas metrópolis, debido al impacto de una pandemia que ha supuesto el tercer fenómeno disruptor del siglo XXI y obliga a repensar el paradigma. “El teletrabajo está cambiando el uso que se le da a los inmuebles, no van a hacer falta tantas oficinas, por lo que se revertirá el uso de algunas de ellas para viviendas. Crecerán, eso sí, los coworkings cerca de las viviendas” pronostica Inés Sánchez de Madariaga, arquitecta urbanista.

Leer más>>Dubái no deja de apostar por edificios inteligentes y sostenibles

Modelos como el de la biociudad ganan fuerza: una población sostenible y autosuficiente es la propuesta de Vicente Guallart, arquitecto jefe del Ayuntamiento de Barcelona entre 2011 y 2015 y fundador de Guallart Architects. “Es el nuevo gran paradigma después de la ciudad industrial o tardoindustrial de finales del siglo XX y de la ciudad inteligente del siglo XXI. Se basa en la economía circular, en la producción local y en gestionar los residuos”.

Su objetivo es romper con el compulsivo modelo basado en extraer, consumir y tirar, que se impulsó con la revolución industrial dando la espalda al entorno. Ahora, en cambio, se apuesta por la dinámica circular de la naturaleza.

Imagen tomada de El País

“Se trata de levantar edificios -con un metabolismo interno- que se comporten como árboles. Es decir, que almacenen y generen energía, que recojan y reciclen el agua para el riego, que produzcan alimentos y que construyan una red interna de información entre los habitantes” defiende Guallart.

“Las islas de calor se producen porque el suelo está sellado con superficies negras y las fachadas con cristales. Hemos de desasfaltar cuando se pueda y levantar edificios con balcones y materiales que no reflejen los rayos del sol” sugiere Guallart, quien aboga por la madera industrial, el material clave de dos sonados proyectos del arquitecto: The Voxel y el futuro conjunto de viviendas para 3.000 personas que se construirá en Komerg’an, a 100 kilómetros de Pekín.

El primero, basado en el uso de madera procedente de gestión forestal sostenible, es capaz de almacenar el CO2 de los edificios. El segundo, ambicioso, ensoñador y futurista -las casas están equipadas con impresoras 3D y cubiertas por invernaderos para alimentos-, cumple el sueño de la biociudad y de la economía circular a la par que confía en la madera.

Frente al cemento, el hormigón, el aluminio o el PVC, la madera es el material con menos huella de carbono.
La clave está en recuperar y reciclar la madera como ya hacen los franceses e ingleses que llevan años alargando la vida de los muebles: la madera tiene una vida útil, por eso pedimos que no se la considere un residuo” reclama Nanqui Soto, portavoz de Greenpeace.

Lee también>> ¿Puede ser el cemento un material (más) sostenible?

Texto original tomado de El País.

No Comments

Post A Comment