Funcional en beneficio de la cultura

 

Sus rieles atraviesan pueblos que -durante cientos de años- vivieron en el olvido y que, con la aparición del tren en 1905, renacieron.La decadencia del sistema ferroviario se dio en1970 y durante años estuvo en desuso. No fue hasta el 2008 que la obra se repotenció. Desde el Ministerio de Cultura y Patrimonio se consolidaron esfuerzos para que el tren se convierta en un actor cultural y en un símbolo de los pueblos que, a lo largo de los años, han estado atados a las rieles.

 

El vagón1.513 es parte de esta recuperación, pero a diferencia de otros componentes del ferrocarril, no lleva turistas ni cargamento, sino cultura. Es por esta razón, que se lo llamó el 'Vagón del saber'.

 

Esta estructura, después de años de transportar cargamento, quedó en muy mal estado. Sin embargo, su condición deteriorada no fue un impedimento para transformarlo en una plataforma de divulgación.

 

El estudio Al Borde Arquitectos asumió el desafío de no solo regenerar esta estructura, sino de habilitarla para presentaciones musicales, teatrales, capacitación a las comunidades, festejos, etc. "El vagón no tiene un propósito arquitectónico definido. Esto implica un desafío: que funcione para cualquier actividad que los gestores culturales programen”, cuenta David Barragán, representante de la firma.

 

Con la reactivación del ferrocarril, el 'Vagón del saber' ofrece a las comunidades en ruta un nuevo concepto de ‘espacio público’ y da a los artistas la oportunidad de mostrar su trabajo en las diferentes estaciones del tren.

 

Para lograr crear un espacio móvil, que se adapte a las necesidades culturales de los gestores y las comunidades, los arquitectos se basaron en un principio de matemática básica aplicado a la lógica arquitectónica.

 

“Todo se resuelve bajo una lógica de mínimo común múltiplo, o mejor dicho una mínima función común: la  mayor cantidad de funciones con la menor cantidad de elementos”, explica Pascual Gangotena, de Al Borde.

 

Una vez efectuada la ecuación matemática, los arquitectos determinaron que en una plaza pública, un teatro con aforo de 60 a 80 personas y espacios de trabajo para capacitar a 20 usuarios, se necesitaba anexar al vagón -únicamente- una cubierta con opciones de despliegue, mobiliario retráctil y dos bodegas (la menor cantidad de elementos). Así se cumplió la ecuación que dio vida al vagón del arte y la cultura.

 

El proyecto, cuyo diseño y construcción se llevó a cabo en 2012, ocupa un área de 36 m2. En su construcción participaron arquitectos y diseñadores industriales, cada uno especializado en un área específica, para así optimizar los procesos y cumplir los tiempos de construcción. Ahora, la estructura ferroviaria se convierte en una plaza, teatro, galería u oficina -en pocos minutos- gracias a sistemas sencillos, que los mismos gestores culturales pueden manejar y controlar.

 

Es así como la reactivación del ferrocarril ecuatoriano no solo dinamizó la economía de los pueblos localizados en la línea del tren, sino que se convirtió en un espacio público cultural y un ejemplo de arquitectura móvil.

 

Este concepto, concebido desde la necesidad social de los pueblos y su interacción con las tradiciones, se ha plasmado con éxito. La promoción del uso del tren ha sido efectiva. Ahora, más que nunca, este medio de transporte acoge a cientos de visitantes y turistas.

 

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