Fernando Carrión, catedrático y asesor de urbanismo de la Alcaldía de Quito/ Fotografía: Andrea Ariza

Fernando Carrión, catedrático y actual asesor de urbanismo en la Alcaldía de Quito

Fernando Carrión es un arquitecto alineado más hacia lo social y humano, esa semilla, tal vez, fue sembrada por su abuelo, uno de los pensadores más ilustres de Ecuador.

Fernando Carrión, catedrático y asesor de urbanismo de la Alcaldía de Quito/ Fotografía: Andrea Ariza

Fernando recuerda que su primer año de universidad, en Chile, transcurrió en medio de dos corrientes opuestas: por un lado estaba la arquitectura -exclusivamente- como creación; y la otra en base a la condición social. Él se inclino por la segunda tendencia, la misma que reafirmó cuando regresó al país para terminar su carrera de arquitectura en la Universidad Central del Ecuador (UCE). En esa misma línea hizo su doctorado en la Universidad de Buenos Aires, enfocado en Ciencias Sociales. Previo a ello, en el Colegio de México, su maestría se centró en Economía Urbana.

Desde pequeño creció en el mundo de la construcción, debido a que su padre era ingeniero. A lo que se sumó que en pocos años Quito pasó de poblado reducido a ciudad; evolución de la que Fernando fue testigo presencial. Como alumno de la UCE, fundó el Centro de Estudios Ciudad, dedicado a la investigación urbanística. En este se trataba el desarrollo de vivienda en barrios y cooperativas de varias ciudades como Otavalo y Riobamba, allí trabajó en conjunto con monseñor Leonidas Proaño (1910-1988), un destacado defensor de los derechos indígenas.

Para Fernando Carrión la administración pública no es ajena. Durante la alcaldía de Rodrigo Paz, laboró como Director de Planificación, fue asesor de los alcaldes Jamil Mahuad y Roque Sevilla. En el período de Paco Moncayo, ganó una curul como concejal. Labores que no le impidieron continuar con su activo trabajo en la Academia. Es más, ahora busca que esos ‘mundos’ converjan en un solo esfuerzo para el progreso de la capital.

Las universidades, actualmente, están alejadas de la realidad de la ciudad y eso es una pérdida muy grande e inadmisible”.

La falta de continuidad de un proyecto de ciudad es un mal que aqueja a muchas urbes del país. En el caso de Quito, los últimos cinco alcaldes provenían de corrientes políticas diferentes, lo que dificultó un avance sostenido a largo plazo. El Metro ha sido el único que rompió esa lógica, no obstante, no está articulado a la ciudad. Por otra parte, la reducción de habitantes entre la Villa Flora y La Mariscal es una problemática que no se solucionará con la presencia de este transporte. Por ello, uno de los pilares de la administración de Jorge Yunda, es urbanizar todos los sectores de influencia del Metro, más no solo la línea por donde circulará, resalta Carrión.

En ese mismo afán, la idea es vincular a ese medio de transporte con la estructura vial de Quito, lo primero es encontrar una conexión con zonas que no fueron tomadas en cuenta cuando se lo diagramó. Tal es el caso del Valle de los Chillos, Cumbayá y Tumbaco. Gracias a su experiencia, Carrión espera ser un aporte frente a estas complicaciones.

Por ahora, está enfocado 100 % en el Estatuto Autonómico de Quito, que es una norma jurídica que define los derechos, ingresos, competencias (algunas, como seguridad, serán concurrentes con entidades ajenas al Municipio), y organización de la administración. Se espera que cuando esta disposición sea aprobada, se solucionen las cuatro complicaciones graves que mantiene la capital: recolección de basura, seguridad ciudadana, transporte y empleo.

Además, Carrión elabora un programa, que apunta a sostenerse en el tiempo, pese a que puedan suscitarse cambios de línea política en la Alcaldía:  el gran eje del Corredor Metropolitano sobre la Av. 10 de Agosto, Calle Guayaquil y Av. Maldonado (46 km). El mismo busca reestructurar estos sectores y volverlos atractivos para la reurbanización. El proceso multiinstitucional, dirigido a empresa privada, universidades y colectivos ciudadanos, tendrá tres etapas: ideas, selección de las propuestas más importantes y presentación del proyecto final. Como parte del plan se estipula el desarrollo de vivienda, siendo esta una buena oportunidad para constructores privados, Colegio de Arquitectos y Cámara de la Construcción, explica Carrión.

Dentro del Corredor Metropolitano hay zonas de mayor potencial. Tal es el caso del sector de La Y, donde se busca conectar la parada del Trole, Parque Bicentenario y Plaza de Toros, para ello deberán construirse múltiples edificios, lo que requerirá de inversores y constructores que apuesten a esta idea de ciudad renovada. En el Centro Histórico, la Plaza de la República se articulará a La Alameda y San Blas, desde donde inicia la Calle Guayaquil.

El objetivo, va más allá, apunta a que el sur de Quito esté integrado. Allí se enlazará la Avenida Maldonado hacia el Parque Las Cuadras, Quitumbe y el Parque Carollo, dotándolos de servicios y facilidades como bibliotecas y ensanchamiento de veredas, haciéndolos más atractivo para que, capitales privados interesados, construyan en gran escala y altura en esa zona. Cada propuesta deberá contemplar densidad poblacional, uso de suelo, altura de edificaciones, áreas verdes, mobiliario urbano, entre otras.

Conocedor de las condiciones urbanas de otras capitales regionales, Carrión, en la actualidad, aplica la política comparada, que contrasta las realidades de otras ciudades y así solucionar problemáticas similares a la de Quito. Ese trabajo se canaliza a través del Consejo Consultivo Internacional. Al interior de este, se dialoga directamente con las personas que implementaron los diferentes planes en cada una de sus ciudades.

Todo ese bagaje de conocimiento ha sido reconocido fuera del país. En 2018, Fernando recibió desde Argentina, el Premio América de Arquitectura, creado por el Seminario de Arquitectura Latinoamericana. A este se suma la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito (1982) y el de la Federación Panamericana de Asociaciones de Arquitectos (2008), lo que lo convierte en el único arquitecto latinoamericano en lograr los tres premios más importantes de la Región.

La versatilidad de Carrión quedó demostrada, tras su incursión en un campo diferente a su especialidad: cine. Realizó tres documentales: Comité, abordó la cotidianidad del exPenal García Moreno. Otro enfocado en la historia del notario José Cabrera, famoso por captar dinero en la modalidad de pirámide. Y, finalmente, documentó la vida de tres vendedores ambulantes, que estaban inmersos en un mundo de delincuencia.

Pese a todo, Fernando, que además es consulta obligada en asuntos de narcotráfico, violencia, descentralización, vivienda, docencia, incluso, fútbol, asume esos cumplidos con modestia. Asegura que un experto como él, en países de primer mundo sería inconcebible, debido al nivel de especialización que tiene el conocimiento. Sin embargo, esa pasión por el saber la lleva en su ADN: su abuelo, Benjamín Carrión, fue el padre de la ilustración nacional, pues contribuyó a que el Instituto Nacional de Cultura se convierta en la Casa de la Cultura Ecuatoriana (1944).

En la historia de las ciudades, en cada coyuntura urbana hay algunas dificultades que aparecen con más fuerza que otras”.

Durante su juventud, mientras estudiaba en el Colegio Americano, residió con su abuelo por tres años. Para ello, recuerda claramente haber ‘expropiado’ un cuarto de la biblioteca de Benjamín Carrión, donde hasta ese momento estuvo un escritorio. En ese lugar privilegiado, tuvo la oportunidad de vivir conversaciones al más alto nivel con grandes literatos y políticos de la época. A su vez, en esa improvisada habitación sostuvo complejas partidas de ajedrez con su abuelo, a quien con el tiempo logró vencer en ese juego de estrategias. Una habilidad que, quizá ahora, le sirve para encontrar alternativas en una ciudad plagada de dificultades.

ADN del constructor Fernando Carrión/ Fuente: Mundo Constructor

Fuente: José Guaygua Salinas, periodista Mundo Constructor

Fotografía: Andrea Ariza

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