Esteban Proaño

 

Su padre, Rafael Proaño, fundó Servicios de Mecánica Industrial -Sedemi-. Él siempre soñó con que su hijo estudie Ingeniería Mecánica. Pero Esteban tenía otros planes. Fruto de la emoción juvenil, decidió aplicar a la Marina, aunque las cosas no salieron como él esperaba.

 

"Hoy puedo decir que fue una suerte que no me aceptaran, pues gracias a ello ingresé a la Escuela Politécnica Nacional a estudiar Ingeniería Mecánica", dice Esteban. Así fue como el sueño de su padre empezó a tomar forma.

Con el título en mano, tomó el mando de Sedemi. Hoy, 20 años después, el pequeño taller se ha convertido en una de las industrias más importantes del sector. Cuenta con un modelo de negocio basado en cuatro unidades de gestión de proyectos: petróleo y gas, eléctrico, telecomunicaciones y construcción metálica.

El primer local de Sedemi, de 800 m2, hoy es solo una bodega. En el nuevo complejo industrial, de 90.000 m2, funcionan las unidades operativas de bodega de materia prima, estructuras metálicas, torres de transmisión, caldelería y rolados, galvanizado en caliente, bandejas portacables y grating.

Gracias a su crecimiento, Sedemi abrió una oficina comercial en Perú con el objetivo de incrementar su presencia en América Latina. Actualmente exportan a ese país y a Chile principalmente.

Esteban no ha trabajado en ninguna otra empresa, por esa razón es que Sedemi tiene un gran significado en su vida. Desde niño, estuvo involucrado ayudando a su padre en el pequeño taller. "La compañía es una familia y eso es lo que más me gusta de dirigirla. Estar al frente de Sedemi es una responsabilidad y mi mayor anhelo es que siga creciendo y aportando al desarrollo de las obras más representativas del país y de la región".
 

 
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