¿Es el fin de los rascacielos? Así son las casas que buscan los millonarios este 2021

El estudio italiano Pininfarina, responsable de la carrocería de leyendas como el Ferrari Testarossa o el Rolls-Royce Camargue, reinventa el lujo residencial en Liora, un edificio biofílico en la playa de Estepona.

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La firma italiana es toda una institución del diseño global, pero la mayoría de las personas no asocian su nombre a la arquitectura, sino a algo mucho más ligero y veloz: los automóviles. Hoy, Pininfarina es una firma global que cotiza en la bolsa italiana y que cuenta con departamentos dedicados al diseño industrial, de interiores y arquitectura.

Esta versatilidad no responde solo a un efecto arrastre de la marca o a una serie de tics estéticos, sino a la evolución del sector. En 2021, diseñar una vivienda es más parecido a diseñar un coche que a construir una casa del siglo pasado. “El coche fue el primer objeto complejo” dijo el arquitecto Giovanni de Niederhäusern, a propósito de la unión entre tecnología y habitabilidad que explica el modo en que se han difuminado los límites entre la construcción tradicional y la fabricación industrial.

Actualmente, buena parte de los elementos necesarios para poner en pie un edificio y hacerlo habitable salen de fábricas, no de la albañilería de siempre.

Liora, uno de los proyectos más recientes del estudio, se está construyendo en la playa de Estepona, junto a la promotora española Excem Real State. Cerca del mar y distribuido en pocas plantas que apenas elevan su perfil sobre los alrededores, circundado por 20.000 metros cuadrados de vegetación autóctona, crea un microclima en torno al edificio que se funde con el entorno

Este proyecto residencial de lujo –incluye 37 unidades residenciales– y demuestra que la exclusividad no solo está en las urbanizaciones basadas en recintos vallados e inexpugnables. “El bienestar es algo tangible e intangible. Por ejemplo, depende del aire, de la luz, de los materiales y la contaminación. La estética también influye. No se trata solo de crear formas fluidas que recuerden a la naturaleza, sino de integrar esa naturaleza en la vivienda” señaló el arquitecto. 

Este modelo de sostenibilidad llega en un momento en que algunos de los postulados de la arquitectura residencial de lujo siguen generando controversia. Aquí, el planteamiento es otro: “el lujo del futuro no consistirá solo en materiales caros o en exclusividad, sino en algo más suave, más sutil”. 

“Con la pandemia han cambiado muchas cosas. Y algunas nunca volverán a ser como antes. Una de ellas es la percepción del espacio. Permanecer encerrados en casa durante meses nos ha demostrado que nuestras casas no estaban a la altura de lo que necesitábamos. Por ejemplo, el 60 % de los italianos se han planteado cambiar de casa tras la pandemia” apuntó el arquitecto. Esas nuevas necesidades no solo se refieren a la disponibilidad de zonas al aire libre, naturaleza o entornos saludables, que es con lo que sueñan los urbanitas que llevan meses contemplando su patio de luces, sino también a la forma de utilizar nuestras casas.

Giovanni de Niederhäusern mencionó, por ejemplo, la necesidad de que las casas no sean solo un puñado de metros cuadrados acondicionados para vivir, sino unidades residenciales con acceso a servicios comunes, siguiendo el modelo residencial que adopta hoy parte de la hostelería de lujo o algunas promotoras urbanísticas: viviendas en propiedad y alquiler, pero con las facilidades y los servicios de un hotel.

En las maquetas difundidas por el estudio, Liora tiene el aspecto de un dispositivo high tech rodeado de naturaleza, pero sin alzar la voz -ni la altura- más de lo necesario. 

¿Es el fin de los rascacielos? 

“No estoy en contra de la arquitectura vertical, porque es muy eficiente y ayuda a comunicar la importancia de una cierta autoridad” respondió de Niederhäusern. “Pero el valor simbólico de la arquitectura cada vez está más asociado a sus valores. Da igual que te muevas vertical u horizontalmente. Lo importante es el motivo por el que se hace eso”.

Texto original tomado de El País.

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