En busca de una Bienal más sostenible

Blanca de la Torre, curadora de la XV edición de la Bienal de Cuenca, conversa sobre lo nuevo que traerá esta edición.

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¿Cuál es la propuesta curatorial que va a tener la XV edición de la Bienal de Cuenca? 

Ante todo, queremos desarrollar una Bienal sostenible. No solo desde el discurso curatorial sino desde los modos de hacer y desde las aptitudes. Vamos a cuidar la huella ecológica y de carbono durante todo el proceso. Asimismo, procuraremos transportar la menor cantidad de obra posible. Cuando tengamos que hacerlo intentaremos que no sea por avión. En esta Bienal también se va a priorizar la producción local y a trabajar con el entorno para reactivar la economía.

 ¿Cuáles son los ejes centrales de esta propuesta?

En la Bienal se abordarán todos los problemas en relación con el medioambiente y toda esa esfera de ecología política, que me interesa. Un primer eje tiene que ver con la importancia de recuperar saberes y conocimientos tradicionales que hemos dejado de lado por la herencia ilustrada. Un segundo eje está relacionado con el ecofeminismo crítico, una línea de pensamiento y de acción que aúna feminismo y ecología. Y, finalmente, el tercer eje está relacionado con la construcción de futuros probables y posibles, que a su vez están vinculados con la construcción de utopías.

¿Qué significa que esta vaya a ser la Bienal del Bioceno?

El Bioceno es un concepto con el que vengo trabajando desde hace algún tiempo en mis investigaciones y lo propongo como una alternativa al Antropoceno, esa era geológica que sitúa al hombre como responsable del deterioro ecológico del planeta. Mi propuesta es dejar de lado esa búsqueda de culpables y pasar página, para hablar de la necesidad de una nueva era, que ponga la vida en el centro de los debates y apele a la acción, algo urgente más aún con la pandemia que estamos viviendo.

En las últimas dos ediciones se ha intentado sacar la Bienal de los museos y llevarla a los espacios públicos. ¿Cuál va a ser el papel de estos lugares en la nueva edición?

Todavía estamos en el proceso de investigación de los espacios, para ver cuáles encajan mejor con nuestra propuesta. Lo que sí tenemos claro es que queremos que sea una Bienal caminable y que en lo posible las personas no necesiten tomar un medio de transporte.

¿En qué medida la pandemia está cambiando el trabajo de los artistas contemporáneos?

Seguro con el paso del tiempo tendremos más respuestas sobre cómo la pandemia está cambiando el trabajo de los artistas. En este momento lo más evidente es la crisis, que independientemente del lugar, están viviendo todos. Antes de la pandemia ya eran parte de un sector que estaba precarizado. Ahora muchos están sobreviviendo en condiciones que no suelen ser las más idóneas. Tenemos que hacer muchas reflexiones en torno al giro que se ha dado hacia lo digital y hacia los formatos en línea. Soy un poco crítica con toda la inflación de lo digital, porque por un lado creo que hay una falsa fantasía de que ese el único camino que tenemos y por el otro lado está la propia huella ecológica que deja lo digital. Hay que recordar que la Nube también pesa, y mucho.

¿Cuál es el papel que juega en medio de esta crisis una Bienal como la de Cuenca?

Creo que antes de la pandemia el formato de Bienal pedía a gritos una reforma. Ahora es evidente que tenemos que buscar otros medios de consumo cultural, que sean más sostenibles y más respetuosos de la naturaleza. Vamos a apelar más a la calidad que a la cantidad, para que la gente tenga más tiempo para pensar sobre la obra que está viendo. En ese sentido, tengo que seguir revisando las más de doscientas carpetas de artistas ecuatorianos que nos llegaron. Otra de las cosas que vamos a trabajar con fuerza es la parte educativa. Hay que generar procesos mucho más cercanos y accesibles para la gente.

Texto original tomado de El Comercio. 

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