Imagen de estabilidad financiera

El sector construcción, recupera lentamente su actividad

La economía ecuatoriana creció al 3% en el año 2017 gracias a que existió la liquidez necesaria para mantener el consumo de los hogares y del Gobierno. Sin embargo, este factor generó un aumento en los niveles de deuda del país y, pese al crecimiento, la economía aún mantiene desequilibrios importantes que deberán ser corregidos si se quiere regresar a la senda del crecimiento sostenido. 

  • Desequilibrio en precios: Debido a la recesión experimentada en el 2016, la demanda en los hogares decayó, lo que generó un exceso de oferta en el mercado, presionando los precios hacia la baja, pese a que en el 2017 se trataron de mantener los niveles de demanda vía deuda. Esta solución resultó en un alivio temporal, que si bien generó crecimiento, no logró absorber toda la producción del mercado. De esta forma, a partir de octubre de 2017, se empezó a experimentar un proceso de deflación que se acentuó y se mantiene hasta mayo de 2018. Esta reducción en los niveles de precios fue especialmente complicada para las empresas, puesto que el índice de precios al productor se mantiene alrededor del 2.5%, mientras que el índice de precios al consumo es del -1.8%, lo que implica un escenario de incremento de costos y reducción de ingresos que afecta, de forma directa, al margen financiero.

  • Desequilibrio fiscal: La economía ecuatoriana viene financiando déficits de alrededor de 6 mil millones en los últimos 5 años. Esto ha implicado recurrir al endeudamiento externo, llevando al indicador de deuda sobre el PIB de 21% en 2013, a 45% en 2017, según cifras del FMI, y se proyecta cerrar el 2018 con un indicador del 48% según estimaciones del mismo organismo. El problema no son solo los niveles de deuda, ya que comparado con otras economías de la región, el Ecuador todavía no está sobre endeudado, lo complejo son las condiciones de endeudamiento en montos y plazos, lo que genera una presión de liquidez en el corto plazo para cumplir los compromisos externos.

  • Desequilibrio en la balanza de pagos: El otro importante desequilibrio es la balanza de pagos que cerró el 2017 con un saldo negativo de 1800 millones, lo cual indica que la economía va perdiendo reservas internacionales que podrían generar problemas de liquidez en el futuro. Los dólares ingresan a la economía por las exportaciones, remesas, inversiones recibidas y deuda adquirida, mientras que los dólares salen por las importaciones, transferencias al extranjero, pago de deuda y salida de inversiones. En este sentido, equilibrar la balanza de pagos es clave para garantizar la sostenibilidad de la dolarización en el tiempo.

Esto hace que, pese al crecimiento, las expectativas de los agentes respecto a la sostenibilidad no sean positivas, ya que se prevé un ajuste en el corto plazo, que implicará reducir los niveles del gasto público y necesitar fuentes de financiamiento mientras se equilibran las finanzas públicas.

De esta forma, se deben contemplar medidas a corto plazo que se enfoquen en mantener la actividad de la economía y a su vez, medidas de largo plazo que resuelvan los desequilibrios mencionados, lo que hace más compleja la política económica – en términos de costo político – respecto a las medidas que se deben implementar.

En ese marco, el sector construcción se desenvuelve en un escenario todavía recesivo, pero con una tendencia de recuperación que, aunque lenta, parece que la llevará a un crecimiento en el 2019.

El sector de la construcción es vital para la economía ecuatoriana ya que tiene un peso del 11% en el PIB, generando el 7% del total del empleo de la economía y constituyéndose como la cuarta industria más importante en cuanto a la generación de empleo.

En los últimos 10 años, esta actividad ha experimentado un 4.5% de crecimiento promedio anual, mismo que está relacionado de manera directa con la inversión pública, el mejoramiento de ingresos y el financiamiento del BIESS.

Sin embargo, desde el 2015 presentó una contracción importante y en 2017, mostró una tasa de variación negativa en su PIB de -5.9%. Para el 2018, todavía se estima un decrecimiento de entre 0 y -2% para este sector, por lo que todavía se encuentra en una fase de recesión, pese a que mantiene perspectivas de recuperación para 2019, siempre y cuando la economía mantenga los mismos niveles de liquidez y acceso a crédito demostrados hasta la fecha.

La eliminación del anticipo del impuesto a la renta en 2019, así como la eliminación del impuesto a la Plusvalía, pueden llevar a mejorar el desempeño del sector de la construcción, sin embargo, esta recuperación no será inmediata y tomará tiempo ya que los factores macroeconómicos seguirán afectando los niveles de ingreso de los agentes económicos.

En conclusión, este sector debe cuidar sus niveles de costos y realizar inversiones que mejoren sus niveles de eficiencia operativa, cuidando sus márgenes financieros en un entorno todavía complejo.

Fuente: Econ. Víctor Zabala Andrade. Gerente de la Unidad de Investigación Económica y de Mercado. 

Fotografía: Pogonici en 123RF

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