Desinfección de pozos

Cuando se realiza un examen microbiología de un agua, no es posible investigar por separado cada especie de microorganismo que pueda originar una enfermedad, sino que se recurre a la búsqueda de un grupo de microbios cuya existencia es normal en los desechos humanos o animales, para averiguar si el agua ha tenido contacto con ellos en forma directa o indirecta.

El agua de un pozo bien construido no debe contener bacterias de este grupo (grupo coliforme) pero cuando el examen revela su presencia, el agua es sospechosa, debiéndose investigar la forma de la llegada de éstos.

Si efectuada la desinfección correspondientes se consigue en varios exámenes sucesivos, resultados satisfactorios, quiere decir que el agua es buena y que la contaminación fue por causas accidentales. Es frecuente que en las perforaciones que tienen antepozos, que el mismo se encuentre en mal estado higiénico y con agua, en estos casos corresponde subsanar tales inconvenientes, haciéndole un piso de ladrillos u hormigón y sellando con asfalto la unión del piso y el caño camisa, evitándose de esa manera que se infiltre el agua.

Además resulta muy conveniente construir a su alrededor y a nivel de terreno un pequeño brocal con su correspondiente tapa para impedir la entrada de animales o cualquier otra materia extraña. De no tomar estas precauciones es lógico que al poco tiempo los análisis vuelvan a indicar que el agua es bacteriológicamente mala. Pero si a pesar de todas estas medidas y de repetir la desinfección aparecen en los exámenes la presencia de las bacterias antes mencionadas, es indudable la contaminación del agua, por lo que debe ser deshechada para bebida.

Por razones económicas y de facilidad de obtención de desinfectantes, se emplean, casi exclusivamente aquellos que tienen la propiedad de liberar Cloro, de cuyo poder bactericida es bien conocido. El más común es el Agua Lavandina, que contiene aproximadamente el 2 e/r de cloro activo y útil, le sigue el hipo-clorito de sodio, disminuyendo con el tiempo, máxime si se expone a la luz solar.

Por su concentración y duración, es preferible utilizar los desinfectantes en estado sólido, como el cloruro de cal (no confundir con cloruro de calcio) que tiene del 20 al 30 r/r de cloro útil, o mejor aun los- hipocloritos de calcio, que alcanza hasta el 70 r/r; siendo conocidos en el comercio con los nombres de: Per-chlorón, Caporit, H.T.H., etc., todos éstos deben ser guardados en recipientes bien cerrados y en ambientes poco húmedos.

Desinfección de pozos excavados

Estos pozos, generalmente son de gran diámetro, excavados con herramientas de mano y revestimiento de ladrillos, piedra, etc., sobreelevado del nivel del terreno a efectos de impedir la entrada al mismo de las aguas superficiales y otros cuerpos extraños, además están provistos de una tapa para completar las mencionadas medidas de precaución.

Como estos pozos se surten con el agua de la primera capa, la cual en los centros poblados sin cloacas, es casi siempre de mala calidad por la vecindad de los pozos negros, los que de no encontrarse a una distancia prudencial frecuentemente la contaminan. Para desinfectar estos pozos, debe calcularse previamente el volumen de agua que contiene, hallando éste, se le agrega la cantidad de desinfectante necesario, la que variará de acuerdo al tipo a emplear.

Los desinfectantes líquidos, se agregan al agua del pozo, tal como se obtienen en el comercio, en cuanto a los sólidos, es conveniente hacer una “papilla”, para preparar ésta, se coloca la cantidad de desinfectante necesario en un recipiente no metálico agregándole un poco de agua y por medio de una espátula o varilla de madera se revuelve hasta obtener una pasta liviana, la que se mezcla bien en unos diez litros de agua, en tales condiciones se vierta en el pozo.

En oportunidades resulta conveniente lavar con desinfectante el revestimiento interior del pozo, preparándose para tal efecto una solución, agregando a 10 litros de agua un vaso de agua lavandina, o 1/5 parte de esa cantidad de hipoclorito de sodio.

El lavado de las paredes se hace con un cepillo duro o con una escoba. Una vez agregado el desinfectante al agua del pozo (si es posible se mezcla por agitación) se bombea hasta que el agua salga con gusto y olor a lavandina, luego se tapa y se deja en reposo por lo menos seis horas, transcurrido ese plazo, se bombea de nuevo hasta que desaparezca del agua el gusto antes mencionado.

Cabe agregar que un exceso de desinfectante no es perjudicial, no siendo por tal causa necesaria medir exactamente las cantidades antes indicadas.

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