Decreto 681: ¿Una Crónica de Narnia?

El decreto 681 y su reglamento de acceso a subsidios e incentivos del Programa de Vivienda de Interés Social y Público, en el marco de la intervención “Casa para Todos”, trajo consigo recuerdos a mi memoria cuando de niño leía las aventuras de Narnia en ese mundo de fantasía creado por C.S. Lewis. Algo parecido a esa ficción nos ocurre cuando se hace referencia al artículo 30 de nuestra Constitución, que reconoce el derecho a “un hábitat seguro y saludable y a una vivienda adecuada y digna”, con independencia de su situación social y económica, y el decreto referenciado que establece que el Estado otorgará “facilidades e incentivos dirigidos a favorecer el acceso a viviendas para las poblaciones de extrema pobreza y vulnerabilidad, así como a los núcleos familiares de ingresos medios y bajos …” bajo los parámetros que se analizarán a continuación.

El decreto 681 segmenta la oferta habitacional en Viviendas de Interés Social (VIS), a las que mantienen costos de hasta USD 79.591, destinadas a las poblaciones de extrema pobreza y vulnerabilidad, y Viviendas de Interés Público (VIP) las que fluctúan entre USD 79.591 y USD 102.332, destinadas a los núcleos familiares de ingresos económicos bajos y medios.

 

Estos parámetros me recuerdan a un país que fue afectado por un huracán y que contaba con un presidente bondadoso y generoso con dinero ajeno, parecido a Aslan, el Rey León de Narnia que, haciendo alusión a la “dignidad habitacional” – medida en metros cuadrados- criticaba las viviendas de desarrollo progresivo que planteábamos para atender al mayor número de damnificados por este desastre natural[1]. Recuerdo su propuesta de entregarles a estas poblaciones viviendas multifamiliares de 60m2 y las cumplió. Al día siguiente de la entrega y de la farra correspondiente, esas poblaciones vulnerables, que sí cuentan con inteligencia emocional, vendían sus viviendas al mejor postor, ya que sus necesidades de subsistencia y sus criterios de habitabilidad[2] eran completamente diferentes a las que había planteado el bondadoso Aslan.

Despertemos. No vivimos en Narnia, sino en un país con grandes desequilibrios socio económicos. Por tanto, demandamos que los recursos públicos se inviertan y no se gasten con propuestas como las que se analizó. Urge contar con un apoyo político con un claro y correcto entendimiento para instrumentar iniciativas eficientes que prioricen los ajustes que la economía requiere para que esta no explote a corto plazo. Por tanto, solicitamos redireccionar el manejo del sector con propuestas sostenibles dirigidas a mejorar las condiciones habitacionales de una creciente población mayoritaria que vive en un hábitat de inseguridad, pobreza, marginalidad y exclusión social.

POR: ARQ. Roberto Carrión Game / FotoS: 123rf

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