Daños de los componentes no estructurales en infraestructura sanitaria del 16 A

A lo largo de la historia, países de América Latina han sufrido devastadoras secuelas económicas, sociales y ambientales producidas por desastres naturales como terremotos. Sin lugar a dudas, una de las peores consecuencias del efecto causado ha sobre la infraestructura de salud, principalmente de hospitales. El uso de códigos de construcción modernos podría limitar el daño a los sistemas estructurales; sin embargo, los componentes no estructurales y equipos esenciales de los centros de salud son muy vulnerables.

Se consideran como no estructurales los elementos que no forman parte del sistema de soporte de la edificación. Son aquellos componentes como tabiques, ventanas, puertas, cerramientos, techos falsos, etc., pero vitales para el desarrollo de múltiples funciones -redes eléctricas, hidráulicas, evacuación de residuales, sistemas de calefacción, ventilación, aire acondicionado, etc.-, y los contenidos del edificio -equipos médicos y de laboratorio, equipamiento de oficina y mobiliario, etc.-. En el caso de los centros asistenciales, los componentes no estructurales representan un valor económico superior al costo de la estructura.

 

Cuando hablamos de infraestructura hospitalaria, enfrentar una situación catastrófica implica perder su funcionalidad básica, poniendo en riesgo la seguridad de los pacientes y disminuyendo la posibilidad de brindar una atención médica oportuna a las víctimas.

 

El inadecuado desempeño sísmico de los componentes no estructurales, en especial de la mampostería, fue evidente durante el terremoto del 16 de abril del 2016 en Ecuador, representando un denominador común en el daño de infraestructura sanitaria de la costa.

 

Ecuador es un país vulnerable ante este tipo de fenómenos naturales por su localización geográfica. A lo largo de su historia, eventos sísmicos como los de 1942, 1949, 1987, 1995 y 1998 han provocado severas afectaciones a la infraestructura sanitaria. Se puede citar, por ejemplo, que en el terremoto de Ambato de agosto de 1949 se causaron daños significativos en las provincias de Tungurahua, Chimborazo y Cotopaxi; las ciudades de Pelileo, Pillaro, Guano y Patate quedaron destruidas. Asimismo, un tercio de Ambato se devastó y 6.000 personas murieron.

 

 

La Agencia Federal de Manejo de Desastres de los Estados Unidos, en la guía Reducing the Risks of Nonstructural Earthquake Damage–A Practical Guide, clasifica el potencial riesgo sísmico de los componentes no estructurales en tres categorías: seguridad de vida, pérdida de propiedad y pérdida funcional. Daños relacionados con los componentes no estructurales representan -en términos económicos- afectaciones importantes, ya que como se puede observar en la figura 2, en hospitales solo el 8% está relacionado con los costos de la estructura (figura 3).

 

 

Sin embargo,esto puede conducir otros problemas secundarios tales como liberaciones de materiales peligrosos. El terremoto de Manabí del 16 de abril de 2016 es considerado uno de los más catastróficos por la destrucción causada. De acuerdo al Ministerio de Salud Pública (MPS) del país, 13 hospitales resultaron seriamente afectados y 100 centros de salud con daños moderados. Esto representó una pérdida de, al menos, 1.129 camas hospitalarias, con un costo aproximado de USD 112 millones . El sismo mostró potenciales problemas relacionados con los criterios de planificación, diseño, construcción, operación y mantenimiento que rigen la infraestructura. Las afectaciones en las mamposterías causaron consecuencias que dejaron, en muchos casos, perjuicios irreparables en los otros sistemas como componentes arquitectónicos, mecánicos, eléctricos y sanitarios, equipamiento, mobiliario, equipo médico y gases. Esto puso en emergencia a todo el sistema de salud y saneamiento de la costa ecuatoriana. Un hospital debe ser diseñado tomando en consideración no solo la estructura, sino también el diseño ante un potencial riesgo sísmico de sus componentes no estructurales, a través de la implementación de metodologías, como lo establece la norma denominada FEMA E-74.

 

El Hospital Rodríguez Zambrano de Manta, el más importante de la región, se afectó con 220 camas y presentó daños físicos, de mobiliario, avería de ascensores, falta de luz y problemas en la base del pórtico de ingreso al área de consulta externa. La destrucción fue tal, que la estructura tuvo que ser demolida. Sin embargo, no se encontraron evidencias de daños en las columnas y vigas, por lo que probablemente podrá volver a funcionar luego de las reparaciones.

 

Este fue uno de los primeros hallazgos conducidos por el Ministerio, con el apoyo de técnicos expertos de la Organización Panamericana de Salud (OPS) y de otros organismos. Además del hospital de Manta, los técnicos del MSP y de la OPS evaluaron los componentes estructurales (cimientos, columnas, vigas y muros importantes) y los no estructurales (paredes, ventanas, redes eléctricas, hidráulicas, sanitarias, sistemas de calefacción, ventilación, aire acondicionado, mobiliario y equipos) de otros cinco hospitales en Portoviejo, Jipijapa, Paján, Bahía de Caráquez y Chone. Los dos últimos sufrieron daños estructurales importantes y no pudieron ser reparados.

 

A continuación presentamos una galería de fotos de los principales hospitales en Manabí (Chone, Bahía de Caráquez y Portoviejo) con daños no estructurales.

 

 

 

 

 

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