¿Cómo rediseñamos las ciudades surgidas del “boom” inmobiliario?

Las áreas metropolitanas se encuentran en la actualidad en un proceso de transformación. Su rápido desarrollo no ha sido planificado y esto arroja cifras alarmantes en cuanto a baja densidad, crecimientos aislados y velocidad de transformación.

➤ Ver también: La banca privada vs. el crédito inmobiliario

En la actualidad, la expansión urbana descontrolada es un desafío de primer orden a nivel mundial. El año pasado, las ciudades albergaron el 55,71 % de la población mundial y aquellas que se ubican en los países en desarrollo se enfrentarán a niveles de urbanización sin precedentes.

En 1950, el 30 % de la población era urbana. Las Naciones Unidas prevén que en 2050 el 68 %, más de dos tercios de la humanidad, sea urbana. Por lo tanto, se espera que esta población se duplique en 2050.

Sostenibilidad de la expansión urbana

El consumo de recursos naturales (energía y suelo) se va a concentrar en torno a áreas urbanas. Además, el crecimiento descontrolado se identifica cuando la tasa de crecimiento urbano es mayor que la tasa de crecimiento de la población.

Existen diferentes impulsores entre los que se destacan el uso de automóviles y la preferencia por las casas unifamiliares. La rígida separación de viviendas, tiendas y lugares de trabajo, en la denominada zonificación, también favorece este crecimiento.

Ausencia de una planificación adecuada

La mayor parte del desarrollo del suelo no está planificado, son asentamientos informales; y cuando hay planificación, se caracteriza por un uso débil del suelo o mal aplicado. La expansión de las ciudades es una cuestión de importancia crítica por sus efectos.

Su crecimiento incontrolado amenaza tanto el entorno natural como el rural y aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero que causan el cambio climático.

Criterios para la futura planificación

En general, se debe apostar por estrategias de contención del crecimiento y utilizar el principio de precaución. Esto supone proteger espacios naturales, preservar suelos productivos para usos agrícolas y rehabilitar antes de crecer.

Asimismo, es necesario abordar el tema de la movilidad, potenciando aquellas formas de transporte blando (peatonal y ciclista) y público, para reducir el vehículo privado. Es imprescindible una transición ecológica hacia nuevas formas de vivir y consumir que -como estamos comprobando- supone afrontar numerosos retos.

Texto original tomado de The Conversation.

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