¿Cómo diseñar un entorno saludable para el sueño?

Muchos factores influyen en el bienestar de las personas, pero pocos tienen un poder tan grande como la calidad del sueño.

Los adultos pasan, en promedio, un tercio de su día (y de su vida) durmiendo. En el caso de los niños pequeños, esta proporción es aún mayor. Según un estudio publicado por la OMS, los bebés (de cuatro a 11 meses) deben dormir entre 12 y 16 horas al día; y los niños de hasta cuatro años deben dormir entre 10 y 13 horas diarias.

La calidad del sueño actúa directamente sobre el desarrollo cerebral del niño, especialmente durante su primera y segunda infancia (desde el nacimiento hasta los 12 años). Durante el período de descanso, el cuerpo libera las hormonas necesarias para el crecimiento y el aprendizaje y esto está directamente relacionado con el desarrollo físico, motor, emocional y cognitivo.

El entorno en el que se duerme interfiere con la calidad del sueño y existen una serie de aspectos importantes que debemos considerar a la hora de diseñar espacios para dormir destinados a niños y bebés.

 

Temperatura

En cualquier grupo etario, sentir frío o calor al dormir hace que la persona se despierte antes de haber completado su ciclo apropiado de sueño. Proporcionar temperaturas entre 18ºC y 20ºC es fundamental.

Ajustar la temperatura del ambiente interior puede ser un desafío. Siempre que sea posible, la ventilación natural es la más efectiva. Pero también es posible recurrir a la tecnología: para las estaciones o las zonas más cálidas se puede considerar el uso de aire acondicionado o ventiladores, mientras que en el caso de las estaciones o zonas frías, además de asegurarse de que las aberturas estén debidamente selladas, también puede ser recomendable utilizar radiadores o estufas eléctricas, o incluso tecnologías más avanzadas como calefacción por suelo radiante.

 

Oscuridad e iluminación

Durante la noche, se recomienda que la habitación sea lo más oscura posible para no perjudicar la producción de la hormona del sueño (melatonina). Un buen aliado en este sentido es el sistema blackout. Sus opciones más habituales son las fabricadas con PVC (que bloquea el 100% de la luz) y el realizado con tejido 100% poliéster (capaz de bloquear alrededor del 80% de la luz). Es habitual que este tipo de cortina se utilice junto con otro tipo de tejido más fino, de uso diurno.

En cuanto a la iluminación artificial, una buena estrategia es mantener la iluminación central, directa y atenuada, de manera que los niveles de iluminación sean regulables.

 

Silencio

Para esto, se debe verificar la hermeticidad de la habitación para reducir el ruido desde el exterior. Los materiales textiles aplicados al medio ambiente pueden contribuir debido a su capacidad de absorción acústica. Además de las cortinas blackout, también son recomendables las ventanas de doble acristalamiento.

Si se está diseñando el entorno desde cero, se deben diseñar los muros y tabiques con un tratamiento acústico adecuado. Una de las opciones más tradicionales es el uso de aislantes termoacústicos como lana de vidrio, la lana de roca, la espuma de poliestireno, la celulosa, el corcho, entre otras opciones efectivas.

 

Colores suaves

La elección de la paleta de colores debe ser coherente con una atmósfera calmada, necesaria para un sueño tranquilo. Por tanto, una paleta que tenga una base neutra, con colores como el blanco, tonalidades de gris, beige o colores pasteles, son muy razonables.

 

➤ Ver también: Paletas de colores en la arquitectura

 

Pantallas y dispositivos electrónicos

En términos generales, no se recomiendan las pantallas debido a varios factores. La OMS considera, por ejemplo, que los niños menores de un año no deben tener ningún contacto con pantallas como tablets o televisores. Para los niños de dos años, la recomendación es que pase, como máximo, una hora de su día en contacto con dispositivos electrónicos.

Esto se debe a que la luz azul emitida a través de las pantallas tiene el poder de bloquear la producción de la hormona del sueño. Por todos estos aspectos, no es recomendable incluir dispositivos como televisores en las habitaciones de los niños pequeños.

 

Flexibilidad

Planificar una habitación para la llegada de un bebé requiere una gran inversión. Por eso, es recomendable pensar en una distribución con mobiliario flexible, que sea eficiente y seguro para los bebés, pero que también sea útil en los primeros años de vida del niño o niña.

 

Decoración

Varios artículos que hablan de la neurociencia aplicada a la arquitectura abordan la cuestión de la pertenencia. En este punto, es bastante conveniente incluir juguetes y objetos decorativos en el entorno del niño, que sean acordes con sus temas favoritos.

 

Organización

Una atmósfera organizada y serena influirá directamente en la calidad del sueño de los niños. Por eso, diseñar nichos y espacios de almacenamiento para que cada elemento tenga su lugar, es fundamental.

 

Texto original tomado de: Plataforma Arquitectura

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