Claves para reducir el consumo energético de un edificio

Sara Velázquez Arizmendi, arquitecta del estudio VArquitectos, explica el proceso para diseñar y construir con la máxima eficiencia energética.

Las decisiones en las primeras etapas de diseño tienen mayor repercusión en el ahorro energético. Por tal motivo, es importante cumplir con dos aspectos:

Realizar un estudio completo del clima local para diseñar los huecos con la mayor captación solar, con las protecciones adecuadas y con los sistemas de acondicionamiento interior óptimos de acuerdo con la temperatura y humedad del ambiente exterior.

El tiempo no es el mismo durante todo el año. Por esto, es necesario pensar en los ciclos anuales y en los cambios de luz. Es indispensable trabajar en conjunto con las fuerzas de la naturaleza y no contra ellas.

 

Aspectos a tener en cuenta en la etapa de construcción

 

La fachada más compacta es clave para perder el menor calor posible. La mejor envolvente estará revestida con un aislamiento continuo, sin interrupciones y muy grueso. Las carpinterías, el punto más débil de las fachadas a nivel térmico, emplearán vidrios dobles o triples, con alto poder aislante.

Es importante diseñar y calcular diversas opciones, para decidir en qué soluciones constructivas es más rentable invertir.

En climas con inviernos fríos, el aire se puede renovar mediante un recuperador de calor de doble flujo. Se trata de un ventilador que toma aire del exterior y extrae el aire sucio del interior hasta la cubierta, sin mezclarlos en ningún momento.

Para terminar, lo ideal es conseguir una alta hermeticidad, que se mide mediante tests de insuflado de aire, para asegurar que no existan infiltraciones a través de carpinterías o juntas de la fachada.

¡Recuerda! Un planteamiento energético desde la concepción de un edificio es lo más efectivo. En una rehabilitación no se puede actuar sobre la compacidad del envolvente, la orientación de las fachadas ni el tamaño de los huecos, así que se necesita reforzar más las medidas de aislamiento, la calidad de las carpinterías y la eficiencia de las instalaciones. Es decir, las soluciones constructivas tienen que adaptarse a lo existente.

De igual manera, se debe cambiar el concepto de coste de construcción por el de coste a lo largo de la vida útil. Al comprar una vivienda, no es solo la inversión inicial, sino cuánto se invertirá en energía en los próximos 30 o 40 años. Ese es el precio real.

La mejor estrategia sería construir un edificio 100% sostenible que pueda ser útil 50, 100 o 200 años, sin quitar a la Tierra sus recursos, muchas veces no renovables.

 

Texto original tomado de: El País

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