5 errores comunes al momento de reformar una vivienda

No ceñirse a un presupuesto inicial o escatimar en la calidad de los materiales son algunos de los errores más comunes en la transformación de una vivienda.

Son escasos los testimonios que califican una transformación como una experiencia positiva o poco traumática; frente a ellos, en cambio, surgen una infinidad de anécdotas sobre las malas decisiones tomadas en la ejecución de una obra, cuyas consecuencias se pagan a largo plazo.

Recopilamos los errores más comunes que se cometen antes, durante y después de una reforma, y la manera efectiva de sortearlos, o bien minimizarlos, gracias al consejo de los expertos.

 

1. No ceñirse a un presupuesto real

El primer error que cometemos en una reforma es el de no acotar en el presupuesto inicial hasta el último gasto. Por ello se debe tener en cuenta desde las grandes partidas hasta otras más insignificantes como picaportes o luminarias. Estas últimas son cruciales para que una vivienda resulte práctica y confortable.

Otro error muy común es pedir, o bien aceptar, modificaciones sobre lo originalmente planteado, sin cerrar la cuantía económica que conlleva. Suele pasar con cambios de pequeñas dimensiones pero que, al sumarse, multiplican el importe.

Los pagos deben dividirse en tres partes; la primera al comienzo de la obra, la segunda durante el transcurso de la misma y el último una vez se hayan finalizado todos los trabajos. Cualquier gasto extra debe estar integrado en una de las tres.

 

2. No tener en cuenta imprevistos

Uno de los imprevistos más comunes con los que te puedes encontrar, sobre todo en viviendas antiguas, son los desniveles de techos y paredes.

Tuberías que se rompen al cambiar azulejos, reforzamientos de estructuras o paredes que precisan doble aislamiento para no escuchar al vecino cada mañana, son otros factores que podemos predecir en una reforma. No es cuestión de adivinar el futuro sino de hacer del refrán “más vale prevenir que lamentar” nuestra consigna, dejando una partida económica para posibles imprevistos que haya que solucionar obligatoriamente.

 

3. Anteponer la estética a la funcionalidad

Tener una casa bonita es un sueño comprensible y humano, pero la comodidad debe ser el principio que rija cualquier hogar. Una buena carpintería exterior, invertir en calefacción y climatización y, en general, en aislamiento termoacústico, deben ser aspectos fundamentales a tener en cuenta.

También, hay que considerar la orientación de la casa para recibir más horas de luz y ahorrar en electricidad. Lo más importante es ser realista con las necesidades y el presupuesto que se dispone. Hay que jerarquizar y tratar de buscar las mejores calidades, pero sin generar expectativas inalcanzables.

 

4. Desesperarnos con los plazos de entrega

El tiempo es uno de los factores más estresantes en el proceso de una reforma, por ello debemos armarnos de paciencia y asumir que son plazos orientativos y no definitivos.

Si necesitamos entrar a vivir en una fecha concreta, sin posibilidad de dilatar el trabajo en el tiempo, se debe establecer como una cláusula en el contrato de la obra. Normalmente, se suele dar un plazo mínimo y un máximo de entrada. Es mejor proyectar sobre lo segundo y pensar en un plan B de logística si no se puede materializar.

 

5. Llevar ideas muy fijas y no dejarnos aconsejar

En una reforma, el contratista o arquitecto se convertirá en una especie de pareja en la que depositarás muchas de tus ilusiones y una cuantiosa suma de dinero. Por ello, es importante confiar en su experiencia y en el resultado final.

Lo más importante es ponerse en manos de un buen profesional y sobre todo confiar y dejar que lleve el peso de todo el proceso.

Texto original tomado de: El País

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