Colaboración: Sofía Chávez / Fotografías - Mutualista Pichincha - Eduardo Naranjo - Francisco Jarrín 

 

Herramienta local para medir el impacto de la construcción

 

Si bien es cierto que la construcción genera un impacto positivo en la economía, no se puede decir lo mismo cuando se trata del ecosistema. El desecho de materiales, la expulsión de gases contaminantes y el uso indiscriminado de recursos no renovables son algunas de las prácticas frecuentes de esta actividad.

 

Esta situación alarmó hace algunos años a Mutualista Pichincha. “Nosotros somos los responsables de donde los clientes invierten el dinero. Tenemos que ser muy cautos en el tipo de proyectos en los que participamos “, explica Pamela Quintero, gerente de Responsabilidad Social de esta institución.

 

Buscar las herramientas indicadas, para medir el impacto ambiental de sus obras, fue el reto que se propuso esta entidad bancaria. Las guías de implementación lo hicieron bajo la directriz de Verónica Reed, especialista en construcción sustentable. La experta propuso desarrollar un sistema de medición nacional, ya que las certificaciones internacionales no estaban enfocadas en vivienda y la realidad local era distante.

 

En el 2013 el sistema en línea Sistema de Evaluación Ambiental (www.sea.ec) fue lanzando para beneficio de los clientes de Mutualista Pichincha, tras hacer pruebas en cinco de sus proyectos. Este fue un impulso para dar incentivos económicos a los constructores y a los clientes finales. 

 

El sistema evalúa nueve aspectos, sobre un puntaje de 100 puntos, para la entrega de la certificación. El proceso es auditado por la firma auditora KPMG (española) y analiza el uso del suelo, accesibilidad a transporte, niveles de bienestar, eficiencia en el uso del agua, optimización de energía, uso responsable de materiales y recursos, manejo adecuado de desechos, reducción de contaminación y eficiencia en procesos. 

 

“Existe una alta resistencia a la construcción sustentable por desconocimiento o porque ciertas tecnologías son más costosas”, explica la gerente de Mutualista Pichincha. Frente a esta realidad, Mutualista Pichincha creó una política que beneficie a los constructores con una variación de 1,5% en la tasa de interés y apoyo publicitario para promocionar la obra; mientras para los clientes finales se ofreció un punto menos en la tasa de arranque, financiamiento hasta el 80% del inmueble y apoyo en gastos legales. 

 

Primer espacio del país en obtener una certificación LEED

 

Antonio Naranjo, un arquitecto que regresó de Estados Unidos después de hacer una maestría en Sustentabilidad, emprendió un proyecto de gran relevancia para Quito.

 

En la Gregorio de Bobadilla y Granda Centeno se encuentra un edificio de cuatro pisos: ENNE Arquitectos Diseño & Construcción, que comparte tres plantas con un hotel ‘boutique’. A simple vista no parece diferenciarse de otras edificaciones, pero basta recorrerlo para entender su importancia dentro del contexto urbano. Fue el primer espacio arquitectónico en Ecuador en obtener una certificación LEED (plata).

 

 

El #593 fue antiguamente una fábrica de chocolates. Aunque las máquinas desaparecieron y el aroma a cacao es imperceptible, todavía se mantiene su estructura principal. La intervención del lugar se manejó bajo el concepto de “conservar el mayor número de elementos”. Para eso se tomaron en cuenta aspectos como el impacto del sitio, la utilización del agua, la eficiencia energética, la selección de materiales, el proceso constructivo y la calidad del ambiente interior.

 

La ubicación del terreno fue determinante. Su localización está dentro del perímetro urbano, donde es sencillo acceder a transporte público y movilizarse. Una de las decisiones fue eliminar los parqueaderos y reemplazarlos por bicicletas.

 

Desde la entrada se evidencia que nada es al azar; todo tiene una razón de ser. Inodoros doble ‘flush’ con un ahorro del 60% de agua, griferías que funcionan bajo presión de aire, un sistema que recolecta el agua lluvia y espejos de agua son algunos de los esfuerzos que se han hecho en esta materia. “El ahorro global de líquido vital es del 40%”, dice Antonio. 

 

 

 

 

Parte importante de la construcción sostenible es la concientización. Los corredores son los únicos lugares donde se encuentran sensores en los corredores, en el resto de áreas las personas tienen control de los dispositivos de iluminación, con certificación Energy Star.

 

En lo que respecta a materiales de construcción se utilizó desechos de la fundición de la losa como piedra, se instaló piso flotante, se aplicaron lacas especiales para no contaminar el aire y se mantuvo el piso de hormigón de la fábrica. El proceso de edificación también tuvo su lugar. En esta etapa se tomó en cuenta la calidad de vida de los trabajadores de la obra, cuidando su salud a través de normas internacionales de edificación.

 

El ambiente, al interior, es agradable. Gracias a un vidrio tipo sánduche, durante las noches el calor se concentra y en el día hay más circulación de aire. Esto sumado a sensores de CO2, aumenta los niveles de productividad.

 

“Aquí es cuando la Arquitectura se convierte en una Ingeniería, cuando el concepto se plasma de forma precisa para medir el ahorro”, finaliza.

 

Convicción verde, así es Carlota

 

Enclavado en el Centro Histórico de Quito existe un paraíso verde, destinado a satisfacer a la creciente ola de turistas, principalmente europeos, que exige experiencias 100% sostenibles. Carlota, edificación con 111 años de vida, convertida hoy en un exquisito hotel de autor, expone en 650 m2 lo mejor de las estrategias ambientales.

 

El eclecticismo de su diseño puede ser opacado por todo el concepto ambiental con que nació. Sus 12 habitaciones y áreas comunes se alimentan de energía solar limpia. La panelería traslúcida fue importada desde California, EE.UU. y alimenta al hotel con el 30% de energía (en caso de un apagón se mantendría servicios y operación), mientras que el agua de duchas y lavamanos pasa por un proceso de eliminación de impurezas. En efecto, este sistema avanzado de filtración y reciclaje de agua permite la recolección de aguas grises para su uso en inodoros. El objetivo: reducir el consumo de líquido en un 50%.

 

La convicción verde de Carlota es global. Las piezas sanitarias y grifería, por ejemplo, son de alta eficiencia y certificadas por Water Sense. Renato Solines y su esposa Verónica Reed, cabezas del proyecto, depuran la idea de sostenibilidad, que se esconden en cada espacio del hotel.

 

“Se recuperó todo el material posible de la obra, que se visualiza por ejemplo en los pisos originales convertidos en piezas de diseño”. También hay otros materiales recuperados: estructuras de hierro y algunas vigas son tubos de perforación en la extracción de petróleo. O, como ocurre en el caso de los muebles y acabados dos, hay diseños realizados exclusivamente para cada habitación u otros recuperados, que pertenecieron a la casona y que datan de los años 50 y 60. De igual manera, toda la estructura fue recuperada y mantenida para preservar la atmósfera original de la edificación, mientras reduce el impacto ambiental.

 

 

A ello se suma la ventilación e iluminación natural que poseen las habitaciones privadas y espacios comunes; la iluminación artificial es LED y los equipos como televisores, secadores de pelo o calentadoreson de bajo consumo con certificación Energy Star. Finalmente, los espacios comunes incluyen un huerto para producción de comestibles locales y orgánica, que son parte integral del menú y productos del Bistro, Tienda y Lounge. 

 

Sí, Carlota tiene todo para obtener la certificación Leadership in Energy & Environmental Design (LEED), que mide eficiencia energética, el uso de sistemas gías alternativos, la mejora de la calidad ambiental interior, la eficiencia del consumo de agua, el desarrollo sostenible de los espacios libres de la parcela y la selección de materiales. Ya está muy cerca a lograrlo. 

 

                  

 

 

 

 

 

 

 








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